El corazón es nuestro jardín y, acompañando cada acto, existe una intención que se planta como una semilla. Podemos utilizar una navaja afilada para cortar a alguien, y si nuestra intención es la de dañar, seremos unos asesinos. Podemos llevar a cabo un acto casi idéntica pero, si somos unos cirujanos, la intención es la de curar y salvar una vida. El acto es el mismo, pero dependiendo de nuestro propósito e intención, puede ser un acto terrible o compasivo.

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