Vivencia despreocupada

No puedes buscar la felicidad porque es el resultado de realizar la Verdad. La personalidad, teniendo como objetivos la seguridad y el placer, no puede ser feliz. Perseguir el placer o la seguridad conlleva ocultar cualquier verdad desagradable o atemorizadora. Y esto, automáticamente, cancela el Gozo. El Gozo es el resplandor del corazón cuando se aprecia la Verdad.
El estado de Gozo es de ligereza, disfrute, complacencia, felicidad y dulzura. Uno se convierte en resplandor, en alegría, en una vivencia despreocupada. Te complaces en la realidad. Ves la vida como una simple y lúdica aventura. Cada instante es una fuente de singular gozo, pues es la vivencia misma de la Verdad. Te das cuenta de que el Gozo es el fulgor del Amor, el cual es el aliento de la Verdad.
H. Almaas
Despiértate y vive! Vive la vida plena y gloriosa que es tu verdadera herencia. No temas nada. Dentro de ti se encuentran la sabiduría, todo el poder, toda la fuerza y toda la comprensión. Arranca de ti las malas hierbas de la duda, el miedo y la incertidumbre para que no puedan estropear el hermoso jardín de tu interior más profundo, y para que de ese modo pueda crecer lo mejor con auténtica libertad y perfección. Libera todo lo que está en tu interior para que pueda reflejarse en el exterior; no puedes ocultarlo por mucho que lo intentes. Si hay caos y confusión en tu interior, se reflejará en el mundo externo mediante tu aspecto, a través de tu comportamiento, por medio de lo que hagas y de lo que te rodee. No puedes ocultar lo que hay en tu interior por mucho que lo intentes. Cuando tus pensamientos son muy elevados, la belleza y la perfección se reflejan en el exterior. Eres como un espejo que ha sido muy pulido; nada puede permanecer oculto.
Eileen Caddy

Tú eres eso

Alma de todas las almas, vida de la vida;
tú eres Eso.
Visto y no visto, móvil e inmóvil;
tú eres Eso.
El camino que conduce hasta la Ciudad es interminable.
Ve sin pies ni cabeza ...
y serás ya allí.
¿Qué otra cosa puedes ser?
Tú eres Eso.
Rumí

Meditación: Convertir la pena en compasión

El corazón humano tiene la extraordinaria capacidad de mantener y transformar las penas de la vida en un gran río de compasión. Se trata del don de figuras como Buda, Jesús, La Virgen María y Kwan Yin, La Diosa de la Compasión, de proclamar el poder de su tierno y piadoso corazón frente a todo sufrimiento del mundo. Cuando nuestro corazón se abre y se descubre, se inicia en él el despertar de este río de compasión interior. La compasión surge cuando permitimos que nuestro corazón sea alcanzado por el dolor y la necesidad de otro.
Para cultivar dicha cualidad, tal vez deseemos practicar la meditación tradicional para la práctica de la compasión y para transformar las penas en el fuego del corazón.
Siéntate serenamente de un modo silencioso y centrado. Respira con suavidad y siente tu cuerpo, los latidos del corazón, la fuerza vital que hay en tu interior. Siente el aprecio a tu propia vida, como te recoges frente a tus pesares. Tras unos instantes, lleva a tu mente a alguna persona cercana que ames. Imagínatelos, así como imagínate tu cariño hacia ellos. Date cuenta de como puedes retenerlos en tu corazón. Sé consciente de sus penas, del alcance de su sufrimiento en esta vida. Siente como tu corazón se abre de un modo natural, yendo hacia ellos para desearles lo mejor, ampliando su comodidad, compartiendo sus dolores y sumándote a ellos con compasión.
Se trata de la respuesta natural del corazón. Junto a dicha respuesta, deséales activamente su bienestar, recitando la frase tradicional, libérate del dolor y la pena, consigue la paz, mientras los mantienes en tu corazón compasivo. Sigue recitando dichas frases por algún tiempo.
A medida que aprendes a sentir tu hondo cariño por estas personas próximas, puedes ampliar dicha compasión a otros conocidos, de uno en uno. Poco a poco vas abriendo esta compasión cada vez más, hasta alcanzar a tus vecinos, a los que viven lejos y, finalmente, a la hermandad de todos los seres. Siente como la belleza de cada ser te aporta gozo y como el sufrimiento de cualquier ser te hace llorar. Siente la tierna comunicación con toda la vida y sus criaturas, como se ve acompañada por sus penas y las sujeta compasivamente.
Permite luego que tu corazón se convierta en una alquimia transformativa para las penas del mundo. Siente tu respiración en el área de tu corazón, como si pudieras respirar suavemente dentro y fuera de tu corazón. Siente el cariño de tu corazón y visualiza que, con cada respiración, puedes inspirar dolor y expirar compasión. Empieza respirando penas de todos los seres. Con cada inspiración, deja que las penas alcancen tu corazón y se transformen en compasión. Con cada expiración, desea el bien para todos los seres, amplía tu cariño y piadoso corazón para con ellos.
Mientras respiras, empieza a visualizar tu corazón como un fuego purificador que puede recibir los dolores del mundo y transformarlos en la luz y calor de la compasión. Se trata de una meditación poderosa que puede exigir cierta práctica. Se amable contigo. Haz que el fuego de tu corazón arda suavemente en tu pecho. Inspira las penas de quienes pasan hambre. Inspira las penas de los que están atrapados en una guerra. Inspira las penas de la ignorancia. Con cada expiración, visualiza a todos los seres vivos y expira el saludable bálsamo de la compasión. Con cada suave inspiración, una y otra vez, amplia la piedad y la compasión sanadoras. Como la madre del mundo, lleva éste a tu corazón, invitando a todos los seres a que te alcancen con cada respiración, incorporándolos compasivamente en cada expiración.
Trás algún tiempo, siéntate tranquilamente y haz descansar naturalmente tu respiración y tu corazón, como si constituyeran un centro de compasión en medio del mundo.

El té de la paz

Tan sólo una taza de té. Tan sólo otra oportunidad de sanación. Tan sólo la mano que se extiende para recibir el asa de la taza. Tan sólo el darte cuenta de que está caliente. El darte cuenta de su textura y su fragancia. Tan sólo una taza de té. Tan sólo este absolutamente nuevo instante. Tan sólo la mano tocando la taza. Tan sólo el brazo retrayéndose. La fragancia incrementándose a medida que la taza se acerca a los labios. ¡Tan presente! Dándote cuenta de cómo el labio inferior recibe el calor de la taza, con el labio superior arqueado para absorber el líquido. Dándote cuenta del sabor primero del té incluso antes de que el té toque tus labios. La fragancia y el calor expandiéndose por la boca. La primera sensación del aroma. El toque del cálido té en la lengua. La lengua saboreando el té. La intención de tragar. La calidez que desciende hacia el estómago. ¡Qué taza de té tan maravillosa! El té de la paz, de la satisfacción. Al beber una taza de té, detengo la guerra.
Stephen Levine