Londres, Abril 1980

He venido a escucharle por primera vez, ¿podría hablarme de su filosofía de la vida?

Comencemos por considerar por qué has venido hoy aquí. Si buscas el motivo, descubrirás en ti un sentimiento de carencia interior, una especie de hambre que tratas de satisfacer viniendo aquí. Antes de seguir adelante, debes comprender que no hay realmente nada que alcanzar. Cuando te convences completamente de esto, tiene lugar una detención. Toda la energía previamente expandida hacia cualquier objetivo retorna a su origen y eres retrotraído a tu presencia. En un principio, puede tratarse de una presencia a algo, porque está en la naturaleza de los ojos el ver y en la de los oídos el oír. Pero cuando visión y audición quedan libres de motivo, finalidad e intención, no pertenecen ya sólo a los ojos y oídos. La atención no cualificada es multidimensional: todo el cuerpo oye y puedes sentir, aunque no de forma sensorial, que visión y audición aparecen en ti, en tu presencia global. Al final, incluso visión y audición desaparecen en esta presencia y tú eres uno con ella. En última instancia, no hay ya un sujeto que ve ni un objeto que es visto. Hay sólo unidad.

Esto es lo que vengo a comunicarte aquí. La identidad con esa presencia, con esa totalidad, con esa plenitud, es meditación, pero no hay nadie que medite ni objeto sobre el que meditar. Esto, pues, no pertenece a la filosofía. Es tu naturaleza real.

¿No equivale esto a descubrir lo que realmente somos?

Sí, pero nunca podemos conocer quiénes somos realmente como conocemos otras cosas, porque somos el proceso de conocer. Debemos, pues, admitir que somos conocimiento. Todo lo demás es sólo un concepto.

Pero podemos tener un resplandor fugaz de ello, un destello que provoca una certeza que después no podemos olvidar. Por eso nos esforzamos en volver de nuevo a esa situación.

Jean Klein- La Sencillez del ser

Dentro del patio de un castillo, sin puertas ni ventanas, con altos muros, había dos caballos encerrados. Cada cual pateó una muralla distinta tratando de derribarla para escapar. Uno de ellos se cansó. “Los muros son muy espesos. Nunca podré echarlos abajo. Mejor me tiendo en el suelo a dormir”. Así lo hizo… El otro caballo siguió pateando. Durante mucho tiempo no logró nada. Pero un día, cuando menos se lo esperaba, el muro cayó y él pudo ver un hermoso paisaje que le ofrecía su hierba verde… El primer equino, al verlo galopando libre y feliz, trató de seguirlo, pero una invisible barrera no le permitió escapar. Desde lo alto de los muros le llegó una voz: “¡Cada caballo tiene que labrar su propia salida!”… El animal comprendió la lección y comenzó a patear su muro, día y noche, sin cejar, hasta que la pared se derrumbó y obtuvo su libertad.
Alejandro Jodorowky

El verdadero fundamento de la enseñanza consiste en observar al "yo" como algo vacío.
Pero las personas vienen a estudiar el Dhamma para incrementar la propia opinión de su
yo, de modo que no quieren experimentar ni sufrimiento ni dificultades. Quieren que
todo sea cómodo y agradable. Ellos querrían trascender el sufrimiento, pero si todavía
hay un "yo", ¿cómo podrán hacerlo alguna vez?
Así es de sencillo una vez que lo entiende. Es así de simple y directo. Cuando surjan
cosas placenteras, comprenda que están vacías. Cuando surjan cosas desagradables,
observe que no son suyas. Pasan. No se relacione con ellas como algo propio, ni se vea
a sí mismo como poseyéndolas. Usted cree que el árbol de papaya es suyo, entonces
¿por qué no se siente herido cuando se tala? Si puede entenderlo, entonces ese es el
camino correcto, la enseñanza correcta del Buda y la enseñanza que conduce a la
liberación.
Ajahn Chah

Gracias

Gracias, India
gracias, terror
gracias, desilusión
gracias, debilidad
gracias, consecuencia
gracias, gracias, silencio
¿Qué tal si no te culpo de todo?
¿Qué tal si por una vez disfruto del momento?
¿Qué hay de lo bien que me sabe perdonarte?
¿Qué hay del afligirte por cualquier cosa?
El instante en que me liberé de ello
fue el momento en el que obtuve más de lo que podía manejar.
El instante en que me aparté
fue el instante en que toqué tierra.
¿Qué tal si dejo de ser masoquista?
¿Qué tal si recuerdas tu divinidad?
¿Qué tal si te pones a gritar sin asomo de vergüenza hasta que se te
salgan los ojos?
¿Qué tal si no equiparas la muerte con detenerte?
Gracias, India,
gracias, providencia,
gracias, desilusión,
gracias, nada,
gracias, claridad,
gracias, gracias, silencio.
Alanis Morissette

¿Dónde debemos depositar nuestro amor y confianza?

Al igual que sucede en la narración, nosotros sabemos que para alcanzar cualquier objetivo no tenemos que seguir alteracion ninguna. Basándonos en ello, vamos
a presentar ahora un análisis del objetivo más elevado que puede alcanzar el ser humano.
Las escrituras védicas llegaron a la conclusión de que, consciente o inconscientemente, todas las personas intentan alcanzar uno de tres objetivos. Estos tres objetivos y los procesos que hay que seguir para conseguirlos se podrían resumir de la siguiente manera:
La mayoría de las personas sigue el camino que busca la felicidad mediante la satisfacción de los deseos relacionados con el cuerpo.
En sánscrito, el disfrute material recibe el nombre de bhukti.
Algunos siguen el camino de la liberación de los sufrimientos de este mundo y quieren saborear los placeres del yo interior.
La liberación en sánscrito se denomina mukti.
Finalmente, unos pocos quieren servir a Dios con una devoción amorosa y pura.
El servicio devocional se conoce con el nombre de bhakti o bhakti-yoga, que literalmente significa “unión con la Persona Suprema”.
Si analizamos cuidadosamente la afirmación anterior, nos daremos cuenta de que la búsqueda de todo ser humano se reduce exclusivamente a uno de estos tres móviles.
¿Pueden las cosas materiales hacer que seamos completamente felices?
Conseguir la felicidad a través del bienestar económico es el primer objetivo que se menciona en las escrituras védicas, y también el más extendido.
Cualquiera puede obtener placeres sensuales temporales (riqueza, fama, placer físico, etc.) siempre que su ambición sea lo suficientemente intensa, y las escrituras Védicas explican claramente el método para conseguirlos. De hecho, algunas de ellas tratan exclusivamente de cómo las personas pueden alcanzar esos logros materiales; y no solo en este planeta, sino también en planetas superiores.
Quienes no han tenido la fortuna de oír hablar de metas espirituales más elevadas buscarán lógicamente los burdos placeres del cuerpo y el mero disfrute sensual.
Este mundo material está diseñado de forma que podamos disfrutar con los sentidos materiales: los ojos, la lengua, los oídos, el estómago, los genitales...
La inmensa mayoría de la gente centra todos sus esfuerzos en lograr esos placeres efímeros, pero ¿consiguen realmente tener éxito? ¿Conocemos a alguien que sea siempre feliz?
Hay personas muy pobres que solo pueden pensar en cosas básicas para subsistir (como alimento, ropa o vivienda) y que experimentan felicidad al conseguir, por ejemplo, un trozo de pan. Un hombre rico puede experimentar ese mismo nivel de felicidad comprándose un yate nuevo. Si lo pensamos bien, la felicidad del rico no es mucho mayor que la del pobre.
Sea cual sea la situación en la que nos encontremos, siempre querremos ser más felices y difícilmente nos contentaremos con aceptar las cosas tal como se nos presentan.
El problema es que en realidad nunca podemos llegar a dar un placer duradero y real al cuerpo y a los sentidos materiales, ya que estos no son eternos y, tarde o temprano, van a desaparecer. Sin embargo, el alma, que es nuestra auténtica identidad, es eterna y está siempre instándonos a que profundicemos en nosotros mismos y conectemos con nuestra naturaleza más elevada. Solo en esa dimensión podremos encontrar la verdadera felicidad.
Srila Bhaktivedanta Narayan Goswami Maharash

La enseñanza de lo cotidiano

Cuentan que, en cierta ocasión, un joven simple pidió entrar como novicio en un templo zen. El abad accedió, pero viendo su escasa capacidad para realizar incluso las tareas menos complejas, decidió encargarle que barriera bien el patio todos los dias. Así pasaron las semanas, los meses y los años... el joven simple se afanó en barrer minuciosamente el patio durante todos los dias de su vida. Lloviera, nevara, hiciera calor o viento, estuviera enfermo o cansado, el joven simple no dejó jamás de barrer cuidadosamente el patio con la vieja escoba. Nunca antes el patio del templo se había visto tan limpio. Una mañana el abad percibió que del monje emanaba algo que provocaba respeto y reconocimiento, algo en lo que nunca antes había reparado, acostumbrado como estaba a verlo un día tras otro formando parte del paisaje del patio. Aquel día el abad se acercó al monje, le invitó a que dejara la escoba por un momento y empezó a hacerle preguntas de hondo contenido espiritual. Terminada la conversación minutos después, el abad unió las manos sobre su pecho con respeto y se despidió del monje inclinándose con una profunda reverencia: había descubierto a un iluminado.
¿Cómo has alcanzado este estado?, le preguntó el abad. Tú no has tenido enseñanza de los maestros del templo y ni siquiera has leido las escrituras, tampoco has meditado durante horas junto a los demás monjes, únicamente te has dedicado a barrer el patio todos los dias, mañana y tarde.
Dices bien querido abad, contestó el monje, pero mi mejor maestro ha sido la escoba que me mostró el valor del silencio, de la humildad y del servicio; mis escrituras han sido el polvo seco del verano, las hojas del otoño, las lluvias de primavera y la nieve del invierno; y mi meditación ha estado siempre presente en la intención de barrer lo mejor que he sabido y he podido. Oídas aquellas palabras, el abad se retiró en silencio y el monje continuó barriendo el patio.

Perfectamente libre

Sé consciente de que todo lo que surge es la demostración de lo Absoluto, de la naturaleza primordial, de la simplicidad no fraccionada.
Si no te apegas, todo lo que surge es, por naturaleza, libre. Permanece tan sólo en la experiencia ecuánime, sin rechazar ni aceptar nada.
Los seres infantiles, al desconocer esto, tratan los fenómenos como si fueran sólidos y reales.
De esta manera da comienzo una cadena de atracciones y repulsiones y el gran sufrimiento que supone el vivir ... ¡un disfraz inexistente!
Las raíces más poderosas son la ignorancia y el considerar a seres y fenómenos como realmente existentes.
La existencia condicionada surge al acostumbrarnos a ello.
Nada que iluminar, nada que eliminar.
Contemplando perfectamente la perfección misma, viendo la perfección, eres perfectamente libre.
Shechen Gyaltsap

¿Me puedes mostrar a Dios?

Hubo una vez un rey en la India que quería ver a Dios. Sabiendo que su primer ministro era un hombre muy erudito, le mandó llamar y le preguntó:
¿Me puedes mostrar a Dios y decirme qué hace?
A pesar de todo su conocimiento, en ese momento el ministro no supo qué responder, por lo que pidió al
rey tres días de plazo para pensarlo. El rey accedió, pero le advirtió que si la solución no le satisfacía, dejaría de
confiar en él.
Una vez en su casa, el ministro buscó entre sus libros con la esperanza de encontrar una respuesta a la pregunta del rey, pero después de dos días no había conseguido nada. Advirtiendo el modo en que su padre se lamentaba en su biblioteca, su hijo de cinco años se acercó a él y le preguntó:
¿Por qué estás triste, papá?
No consigo encontrar una respuesta apropiada a una pregunta que me ha hecho el rey, y si no lo logro perderé su confianza.
¿Qué pregunta? inquirió su hijo.
Tú no lo entenderías, hijo mío. No te preocupes.
El niño insistió tanto, que al final el ministro se lo
contó todo.
El rey quiere ver a Dios y saber lo que hace. He buscado en todas las escrituras, pero no encuentro ninguna respuesta convincente.
El pequeño sonrió dulcemente y dijo: Es muy fácil. Cuando vayas mañana a palacio, dile
al rey que la respuesta es tan sencilla que hasta tu hijo pequeño la conoce.
El primer ministro lanzó a su hijo una mirada escéptica, pero este insistió.
No te preocupes papá; te prometo que no te defraudaré.
Era tal su desesperación, que al ministro no le quedó más remedio que aceptar la propuesta de su hijo. Cuando a la mañana siguiente fueron juntos a palacio, el rey los recibió y preguntó de nuevo a su ministro:
Querido ministro, ¿me puedes mostrar a Dios y decirme qué es lo que hace?
El ministro respondió humildemente: Majestad, la pregunta es tan sencilla, que hasta mi
hijo pequeño conoce la respuesta.
Sorprendido, el rey se volvió hacia el pequeño y le dijo: Muy bien, ¿puedes tú mostrarme a Dios y decirme qué hace?
Majestad, para ello necesitaría una jarra de leche, respondió el niño. Aunque al rey le extrañó aquella petición, hizo que la trajeran.
Poco después, el pequeño preguntó:
Majestad, ¿hay mantequilla en esta leche?
Por supuesto que hay mantequilla en esa leche, declaró el rey tras pensarlo unos instantes.
¿Me la puede enseñar?
Sí, respondió el rey, pero para poder ver la mantequilla primero hay que batir la leche.
Exacto, dijo el pequeño. También para poder ver a Dios hay que seguir un proceso. Sin un proceso de práctica devocional no podemos ver a Dios, igual que no podemos ver
la mantequilla si no seguimos el proceso de batir la leche. Cuando seguimos ese proceso divino, Dios se manifiesta ante nosotros.
El rey se mostró encantado con aquella maravillosa y lógica explicación.
¿Y puedes decirme qué hace? le preguntó.
Me está haciendo preguntas como si usted fuera un estudiante y yo fuera su maestro, observó el niño, pero su majestad está sentado en un trono y yo estoy sentado en el suelo. Por educación, su alteza debería adoptar la posición más humilde y yo debería estar sentado en la
posición más elevada.
Dándose cuenta de la verdad de las palabras del pequeño, el rey se levantó del trono y se sentó en el suelo.
El niño subió entonces al trono y añadió: Esto es lo que Dios hace. Dependiendo de los resultados de nuestras actividades, unas veces nos sitúa en una posición superior y otras en una inferior, por eso a veces nacemos en una familia acomodada y otras en una familia humilde. Dios hace que tengan lugar estos cambios dependiendo de la vida que hayamos llevado.
El rey estaba tan satisfecho con aquellas respuestas, que las proclamó por todo el reino y colmó de valiosos regalos al primer ministro y a su hijo.
Srila Bhaktivedanta Narayan Gosvami Maharash
El despertar de la Conciencia

Expresar los sentimientos sexuales con amor y compasión

Los animales siguen automáticamente sus instintos, pero los humanos somos diferentes. No necesitamos satisfacer nuestras necesidades como los animales. Podemos decidir tener sexo sólo por amor. De esta manera, podemos cultivar el amor más profundo, la armonía y la no-violencia. Para los humanos, comprometerse sólo en la sexualidad no-violenta significa tener respeto el uno por el otro. El acto sexual puede ser una expresión sagrada de amor y responsabilidad.
La expresión física del amor puede ser bella y trascendental. Si tiene una relación sexual sin amor y cariño, crea sufrimiento para usted y para su pareja. En una cultura de paz y no-violencia, el comportamiento sexual civilizado es una protección importante. Este amor no es un deseo absoluto de sexo, es amor verdadero y comprensión.
Thich Nhat Hanh

Simplemente: deja que los falsos modos de ver desaparezcan

No sirve de nada buscar la verdad.
Sólo has de dejar que los falsos modos de ver desaparezcan.
No mores en la dualidad
y cuídate de no buscar
porque en cuanto aparecen el "sí" y el "no",
la mente se pierde en la confusión.
El dos surge del uno,
pero no te apegues ni siquiera al uno
porque aunque la mente una sea no nacida,
la miríada de cosas es sin mácula.
Sin mácula, sin cosas.
Seng T'San

Cien años de ternura

Había que conocer Calcuta, atravesar su infierno en la tierra. Nadie es el mismo tras paseo por esa realidad tan cruda. Tarde o temprano, toca integrar la noción de un dolor tan desparramado por el mundo. A cada quien nos aguarda nuestra Calcuta, más o menos sórdida, su tremendo interrogante al echar la última mirada hacia atrás y decirle adiós, noqueados, despistados. En el itinerario personal es recomendable incluir esos claxones que rasgan los tímpanos, esas jóvenes madres que mendigan en cada esquina, esos tullidos sin piernas que avanzan veloces tras el turista, esa ciudad que concita tanta luz y tanta sombra y que ya no olvidaremos jamás… A veces el viaje es una forma de descubrir vivos ejemplos que, en medio de esas extremas y lacerantes Calcutas, lo dan todo y en esa darse por entero entreven genuina felicidad. En esta ocasión viajar fue también sólo una excusa para encontrar a esos seres de desbordante entrega, para rendirse junto a ellas, para hincar las rodillas a su vera en la otra punta del mundo. Despertaba el día en la enorme casa gris, en el baluarte de la entrega desde el que la Madre de los pobres iniciara su apostolado de amor en Kolkata (Calcuta en bengalí). Era la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad en Bose Road, era la misa de las 6 de la mañana en un día corriente en los comienzos de este año. Sobrecogidos, agradecíamos la oportunidad de estar en tan sagrado lugar, en el corazón de tan virtuosa casa, de tan heroico movimiento, que tanto amor ha irradiado por todo el planeta. Agradecíamos la ocasión de compartir oración con esos ángeles de humilde “shari” blanco que pusieron morada en medio de los infiernos. Renuncia total al mundo y consagración plena a los últimos de la tierra es lo que se respira entre las paredes desnudas de ese lugar santo. En la gran sala oratorio, se sitúan a un lado las hermanas, al otro los voluntarios. No hay más mobiliario que unas esteras en el suelo. Sobre ellas nos arrodillamos dichosos. Todas las ventanas permanecen abiertas, pues esa suerte de tan digna y voluntaria pobreza no sabe de aires acondicionados. El ruido de la calle a veces apaga incluso la voz del oficiante, pero el estruendo del tráfico, por enorme que sea ya desde primera hora, no puede devorar el santuario de paz, devoción y entrega allí creado. En medio de ese recogimiento matutino, de ese lugar santo entre los santos, vamos recuperando la fe que ha ido mermando cada paso entre tantas calles que acumulan tanta miseria. Cuando tanto horror puede hacerte llegar a pensar que todo está perdido; cuando la mirada a poco se torna neutra, insensible; cuando la esperanza estaba a punto de apagarse, alcanzamos tan austero como inolvidable altar. Cuando rebelde empezaba a aporrear las puertas del Cielo, llegaron a estos oídos esos sublimes cantos. En el lado de las hermanas todo es el blanco de las postulantas y el blanco con las conocidas franjas azules de las ya consagradas y con votos. La mayoría de ellas orientales, pero sorprende ver también muchas occidentales. En el lado de los voluntarios todo es colorido, razas, culturas y lenguas diferentes. Sólo estas mujeres y su elevado testimonio son capaces de hacer caminar hasta la sagrada forma de la comunión a “rastas” y demás tribus variopintas de todo el mundo. Los cantos de esas mujeres piadosas llenan toda la atmósfera. Sus gargantas celestiales, sus melodías divinas, su corazón puro, son su infinita fortaleza. Nada, ni nadie puede atacarlas. Después de la misa vendría un sencillo desayuno de “chaid” bien dulce y pan para todos los voluntarios. Tras el refrigerio en otra sala contigua a la calle, tiene lugar la repartición de las tareas del día. Se abre la persiana de metal y salen hermanas y voluntarios a prodigar amor por esas calles de inframundos. Se sumergen en la ciudad gris las mujeres de bendito blanco. En realidad uno hubiera querido que esa persiana no se abriera nunca, que el mundo y todos sus sufrimientos aguardaran allí fuera. Uno hubiera querido esconderse y permanecer entre esos muros impregnándose de todo lo que le falta. El egoísmo busca refugio y distancia con respecto a esa ciudad inmensamente pobre. Semeja sólo una persiana, pero en realidad es un abismo... Retrasamos todo lo que podemos el abismo. Nos recogemos unos momentos en la tumba de Madre Teresa. Junto a ese mármol liso, sencillo, austero, pedimos por esas mujeres, para que Dios las llene de fuerza, y si aún les cabe, de más amor, para proseguir su valiente y extraordinaria misión. ¡Que quienes todo lo dan, sigan siendo inundadas de fe y de coraje, que pueden seguir siendo exponente de compasión infinita! Merecía la pena todo el precio de sinsabores y ruidos para llegar hasta poner la frente en ese mármol frío. Un excepcional amor, que después revestiría humilde shari blanco, tomó cuerpo hace cien años. ¡Que podamos aprender la lección de caminar nosotros también sobre la tierra sufriente, con los pies descalzos, con sus plantas negras, si es preciso! Vino hace 100 años al mundo quien inspiró tanto y tan comprometido silencio, quien hizo arremangarse a tantas mujeres (también hombres) de todo el mundo para tan suprema labor, quien inició esos cantos en medio del más atronador ruido, quien creó la orden y mojó las primeras frentes, quien cargó sobre sus hombros los primeros desvalidos… Hay ejemplos excelsos que es preciso aventar. No he visto galones comparables a las tres rayas azules sobre el blanco, al crucifijo en el hombro que ellas llevan, con ejemplarizante humildad. Poco nos importa el itinerario de la Madre Teresa a los altares de brillante oro, tiene ya encendidas todas las velas en altares de más adentro. Poco nos interesan las polémicas sobre su ideología “conservadora” en ciertos aspectos, la caricia no tiene color, ni ideología y ellas las prodigan a cada enfermo, necesitado y desvalido. Las hermanas sugieren no escribir sobre ellas, no dar propaganda a su labor abnegada, pero es que ahora hace cien años que tanto amor tomó carne. ¿Para qué la palabra, sino para dar a conocer heroísmos diarios, sino para revelar esta apasionante historia que dio comienzo hace ahora cien agostos? ¿Cuándo, si no es ahora? En el ocaso del verano será preciso interrogarse por la esencia de esa primavera que nunca marchita, de ese servicio que nunca se rinde, de esa fe que jamás desfallece. No podía ser de otra manera. A los cien años de su primer aliento en Skopje (Macedonia), siquiera una fugaz mención de la santa de Calcuta que nunca muere, cien años de ternura y una breve loa a tan colosal ejemplo.
Koldo Aldai

La Paz

¿A qué se parece la serenidad profunda?
¿Qué es la confusión?
Bien, la serenidad profunda es el final de la confusión.
La paz que ha de hallarse dentro de uno se encuentra en el mismo lugar en el que se ubican la agitación y el sufrimiento. No ha de hallarse en el bosque ni en la cima de la
colina, ni es otorgada por un maestro. Donde usted experimenta sufrimiento puede encontrar la emancipación del sufrimiento. En realidad, tratar de escapar del sufrimiento es, de hecho, correr hacia él.
Si usted deja ir un poco, tendrá un poco de paz. Si dejar ir mucho, tendrá mucha paz. Si
deja ir completamente, tendrá una paz completa.
De hecho, en verdad no hay nada para los seres humanos. Cualquier cosa que
pudiéramos ser se encuentra sólo en el plano de las apariencias. Sin embargo, si vamos
más allá del plano de las apariencias y vemos la verdad, observaremos que no hay nada
allí, sino las características universales – nacimiento al principio, cambio en la mitad y
cese en el final. Eso es todo lo que hay. Si vemos que todas las cosas son así, entonces
no surge ningún problema. Si comprendemos esto, estaremos contentos y en paz.
Saber lo que es bueno o malo, ya sea viajando o viviendo en un lugar. Usted no puede
encontrar la paz sobre una montaña o dentro de una cueva. Aún más, puede ir hasta el
lugar en el que el Buda alcanzó la iluminación sin siquiera estar un poco más cerca de la
verdad.
Cualquiera puede construir una casa de madera y ladrillos, pero el Buda nos enseñó que
esa clase de hogar no es nuestro verdadero hogar. Es una casa en el mundo y sigue los
caminos del mundo. Nuestro hogar verdadero es la paz interior.
Ajahn Chah
La luna brilla en mi interior,
pero mis ojos ciegos no pueden verla.

La luna está en mí, lo mismo que el sol.

Sin que lo toquen, el tambor de la eternidad resuena en mi interior, pero mis oídos sordos no pueden oírlo.

Así, en tanto que el hombre reclame el yo y lo mío, sus obras serán como cero.

Cuando todo amor del yo y de lo mío haya muerto, entonces es cuando se consumará la obra del Señor.

Que el trabajo no tenga otro afán que el conocimiento.

Alcanzado el conocimiento, déjese el afán.

El afán de la flor es el fruto; cuando el fruto madura, la flor se marchita.

El ciervo contiene el almizcle, aunque no lo busca en sí mismo, sino husmeándolo en la hierba.

Kabir

Cada acto es un rito

Quang, una vez oí un buen símil sobre la respiración. Imagínate una muralla elevadísima desde cuya cima uno puede ver enormes distancias, pero para la que no parece haber ningún método para subir excepto un hilo finísimo que cuelga a ambos lados desde la cima. Una persona lo suficientemente inteligente atará una cuerda más gruesa a un extremo del hilo, irá al otro lado de la muralla y tirará del hilito hasta tener en su mano la cuerda; luego atará al extremo de la cuerda una soga gruesa y tirará de la cuerda. Cuando la soga haya llegado a un lado y esté firmemente sujeta al otro, la muralla podrá ser fácilmente escalada.
Nuestro aliento es esa frágil hebra de hilo. Pero una vez que sabemos cómo utilizarlo, puede ser una poderosa herramienta que nos ayude a superar situaciones que de otra manera parecerían desesperadas. Nuestro aliento es el puente entre nuestro cuerpo y nuestra mente, el elemento que los reconcilia y que hace posible la unidad cuerpo-mente. La respiración está aliada al cuerpo y a la mente y ella sola es el instrumento que puede reunir, iluminar y llevar a ambos calma y paz.
Dicen que una persona que sabe respirar es una persona que sabe cómo crear infinita vitalidad: la respiración desarrolla los pulmones, fortalece la sangre y revitaliza todos los órganos del cuerpo.
Dicen que respirar adecuadamente es más importante que comer. Y todas esas afirmaciones son completamente correctas.
Pero de lo que quiero hablarte, Quang, es de cómo la respiración es un instrumento y cómo la respiración es en sí misma atención mental. La utilización de la respiración como instrumento puede ayudarnos a obtener inmensos beneficios pero que no pueden considerarse en sí mismos como fines. Los beneficios son solamente una añadidura a la realización de la atención mental.
En Paris dirigía una pequeña clase de meditación para no-vietnamitas, entre los cuales había mucha gente joven. Yo les decía que si podían meditar una hora diaria era bueno, pero no suficiente; que tenían que practicar meditación cuando andasen, se parasen, se tumbasen, sentasen o trabajasen. Les había dicho cómo practicar meditación mientras se lavaban las manos, fregaban los platos, barrían el suelo, charlaban con los amigos o hacían cualquier cosa. Les dije: "Mientras lavas los platos, puedes estar pensando en el té que te aguarda luego, y de esta manera tratar de quitártelos cuanto antes de encima para poder sentarte a saborear una taza de té. Pero eso significa que eres incapaz de vivir durante el tiempo que tardas en fregar. Cuando laves los platos, esa tarea debe ser la cosa más importante de tu vida; y mientras te bebes el té, eso debe ser lo más importante de tu vida. Partir leña es meditación, llevar agua es meditación. El practicante debe estar atento todo el día, y no solamente durante la hora reservada para la meditación formal, la lectura de las escrituras o el recitado de los sutras. Cada acto debe ser realizado con atención mental. Cada acto es un rito, una ceremonia. Elevar la taza de té hasta tu boca es un rito. Quizá la palabra "rito" es un poco demasiado solemne, pero la utilizo para empujar a la gente a la realización del darse cuenta del tema de la vida y la muerte.
Thich Nhat Hanh
Del libro Cómo lograr el milagro de vivir despierto

La tarea

Cuando cada día
es sagrado
cuando cada hora
es sagrada
cuando cada instante
es sagrado
la tierra y tu
el espacio y tú
llevando lo sagrado
a través del tiempo
alcanzarás
los campos de luz.
Guillevic
Las palabras sinceras no son ostentosas;
Las palabras ostentosas no son sinceras.
Quienes saben no son "muy versados";
Quienes son "muy versados" no saben.
Los buenos no tienen mucho;
Quienes tienen mucho no son buenos.
El Sabio no acumula nada.
Tras destinar al prójimo cuanto tenía,
Tiene más todavía.
Tras dar lo que tenía al prójimo,
Lo que tiene es incluso más grande.
Así pues, el Camino del Cielo es beneficioso
y no causa daño alguno;
El Camino del Hombre consiste en actuar por el
bien ajeno y no competir con los demás.
Lao Tse- Tao Te Ching

El éxtasis de no ser nadie

Iluminación
es vivir sin un futuro,
liberarse de la pretensión de seguridad.
Sin un futuro, ¿adónde se ha ido el pasado?
Es el final de lo conocido
y la interminable exploración de lo Desconocido.
Es el final de la lucha
por ser alguien o algo.
Es el final del buscar.
Es el final de intentar convertirte en alguien.
Es el final del tratar de agarrarte a algo.
Es el final del intentar que suceda algo.
O que no suceda.
¡Qué alivio!
Scott Morrison

La Ley del desapego

La sabiduría de la incertidumbre reside en el desapego ... en la sabiduría de la incertidumbre reside la liberación del pasado, de lo conocido, que es la prisión del condicionamiento anterior.Y en nuestro deseo de ir hacia lo desconocido, el campo de todas las posibilidades, nos entregamos a la mente creativa, que orquesta la danza del universo.
Esta ley dice que para adquirir cualquier cosa en el universo físico, debemos renunciar a nuestro apego a ella. Esto no significa que renunciemos a la intención de cumplir nuestro deseo. No renunciamos a la intención ni al deseo; renunciamos al interés por el resultado. Es grande el poder que se deriva de esto. Tan pronto como renunciamos al interés por el resultado, combinando al mismo tiempo la intención concentrada y el desapego, conseguimos lo que deseamos. Podemos conseguir cualquier cosa que deseemos a través del desapego, porque éste se basa en la confianza incuestionable en el poder del verdadero yo.
El apego, en cambio, se basa en el temor y en la inseguridad y la necesidad de sentir seguridad emana del desconocimiento del verdadero yo.
La fuente de la abundancia, de la riqueza o de cualquier cosa en el mundo físico es el yo; es la conciencia que sabe cómo satisfacer cada necesidad. Todo lo demás es un símbolo: vehículos, casas, cheques, ropa, aviones. Los símbolos son transitorios; llegan y se van. Perseguir símbolos es como contentarse con el mapa en lugar del territorio. Es algo que produce ansiedad y acaba por hacernos sentir vacíos y huecos por dentro, porque cambiamos el yo por los símbolos del yo.
El apego es producto de la conciencia de la pobreza, porque se interesa siempre por los símbolos. El desapego es sinónimo de la conciencia de la riqueza, porque con él viene la libertad para crear. Sólo a partir de un compromiso desprendido, podemos tener alegría y felicidad.
Entonces,los símbolos de la riqueza aparecen espontáneamente y sin esfuerzo.
La verdadera conciencia de la riqueza es la capacidad de tener todo lo que deseamos, cada vez que lo deseamos,y con un mínimo de esfuerzo. Para afianzarnos en esta experiencia es necesario afianzarnos en la sabiduría de la incertidumbre. En la incertidumbre encontraremos la libertad para crear cualquier cosa que deseemos.
La gente busca constantemente seguridad, pero con el tiempo descubriremos que esa búsqueda es en realidad algo muy efímero. Hasta el apego al dinero es una señal de inseguridad. Uno podría decir: "Me sentiré seguro cuando tenga X cantidad de dinero porque entonces tendré independencia económica y podré jubilarme. Y entonces haré todo lo que he querido hacer siempre". Pero eso es algo que nunca sucede - que nunca llega.
Quienes buscan la seguridad la persiguen durante toda la vida sin encontrarla jamás. La seguridad es evasiva y efímera porque no puede depender exclusivamente del dinero. El apego al dinero siempre creará inseguridad, no importa cuánto dinero se tenga en el banco. De hecho, algunas de las personas que más dinero tienen son las más inseguras.
La incertidumbre, por otra parte, es el suelo fértil de la creatividad pura y de la libertad. La incertidumbre es penetrar en lo desconocido en cada momento de nuestra existencia. Lo desconocido es el campo de todas las posibilidades, siempre fresco, siempre nuevo, siempre abierto a la creación de nuevas manifestaciones. Sin la incertidumbre y sin lo desconocido, la vida es sólo una vil repetición de recuerdos gastados. Nos convertimos en víctimas del pasado, y nuestro torturador de hoy es el yo que ha quedado de ayer.
Renunciemos a nuestro apego a lo conocido y adentrémonos en lo desconocido, así entraremos en el campo de todas las posibilidades. La sabiduría de la incertidumbre jugará un importante papel en nuestro deseo de entrar en lo desconocido. Esto significa que en cada momento de nuestra vida habrá emoción, aventura, misterio; que experimentaremos la alegría de vivir: la magia, la celebración, el júbilo y el regocijo de nuestro propio espíritu.
Cada día podemos buscar la emoción de lo que puede ocurrir en el campo de todas las posibilidades.
Si nos sentimos inseguros, estamos en el camino correcto no nos demos por vencidos. En realidad no necesitamos tener una idea rígida y completa de lo que haremos la semana próxima o el año próximo, porque si tenemos una idea clara de lo que ha de suceder y nos aferramos rígidamente a ella, dejaremos por fuera un enorme abanico de posibilidades. Cuando nos apegamos a algo, congelamos nuestro deseo, lo alejamos de esa fluidez y esa flexibilidad infinitas y lo encerramos dentro de un rígido marco que obstaculiza el proceso total de la creación. La ley del desapego no obstaculiza la ley de la intención y el deseo la fijación de metas. La ley del desapego acelera el proceso total de la evolución.
CÓMO APLICAR LA LEY DEL DESAPEGO
Pondré a funcionar la ley del desapego comprometiéndome a hacer lo siguiente:
1) Hoy me comprometeré con el desapego. Me permitiré y les permitiré a los que me rodean la libertad de ser como somos. No impondré tercamente mi opinión de cómo deben ser las cosas. No forzaré las soluciones de los problemas, y, por tanto, no crearé con eso otros nuevos. Participaré en todo con absoluto desprendimiento.
2) Hoy convertiré a la incertidumbre en un elemento esencial de mi experiencia. Y gracias a esa disponibilidad para aceptar la incertidumbre, las soluciones surgirán espontáneamente de los problemas, de la confusión, del desorden y del caos. Cuanto más inciertas parezcan las cosas, más seguro me sentiré porque la incertidumbre es el camino hacia la libertad. Por medio de la sabiduría de la incertidumbre, encontraré mi seguridad.
3) Penetraré en el campo de todas las posibilidades y esperaré la emoción que tiene lugar cuando me mantengo abierto a una infinidad de alternativas. Cuando entre en el campo de todas las posibilidades, experimentaré todo el regocijo, la aventura, la magia y el misterio de la vida.
Deepak Chopra