La lección más importante que hay que aprender en la vida es el amor. El amor es tan fuerte que es inquebrantable y, sin embargo, es intangible. Puedes conocerlo, puedes sentirlo, y sin embargo no puedes cogerlo, pues tan pronto como lo intentes resbalará como el mercurio. El amor no puede ser poseído; es libre como el viento y se mueve donde quiere. Muévete con él. El amor es unidad y totalidad. El amor no conoce limitaciones ni barreras. Con el amor llega la libertad. Es el miedo lo que ata y limita a un alma; es el amor lo que libera y corta las ataduras. El amor abre todas las puertas, cambia vidas enteras y ablanda los corazones más duros. El amor es creativo; construye, creando belleza, armonía y unidad. Trabaja en favor de todo, no en contra de nada. El amor trae tal alegría que no se puede contener. Danza y canta por medio de la vida. ¿Hay amor en vuestro corazón? ¿Os amáis los unos a los otros? El amor empieza en ti y se expande cada vez más en el exterior.
La Voz Interior -Eileen Caddy

El universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo que la naturaleza nos ha dado porque el universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones y nos envía el reflejo de nuestra propia energía bajo la forma de las diferentes circunstancias que se presentan en nuestra vida. Si te identificas con el éxito, tendrás éxito. Si te identificas con el fracaso, tendrás fracasos. Así podemos observar que las circunstancias que vivimos son simplemente manifestaciones externas del contenido de nuestra habladuría interna. Aprende a ser como el universo, escuchando y reflejando la energía sin emociones densas y sin prejuicios, siendo como un espejo sin emociones aprendemos a hablar de otra manera. Con el mental tranquilo y en silencio, sin darle oportunidad de imponerse con sus opiniones personales y evitando que tenga reacciones emocionales excesivas, simplemente permite que una comunicación sincera y fluida exista. No te dés mucha importancia, sé humilde pues cuanto más te muestras superior, inteligente y prepotente, más te vuelves prisionero de tu propia imagen y vives en un mundo de tensión e ilusiones. Sé discreto, preserva tu vida íntima, de esta manera te liberas de la opinión de los otros y llevarás una vida tranquila volviéndote invisible, misterioso, indefinible e insondable como el Tao. No compitas con los demás, vuélvete como la tierra que nos nutre que nos da de lo que necesitamos. Ayuda a los otros a percibir sus cualidades, sus virtudes y a brillar. El espíritu competitivo hace que crezca el ego y crea conflictos inevitablemente. Ten confianza en ti mismo, preserva tu paz interna evitando entrar en la provocación y en las trampas de los otros.

En la primera ocasión (entre los 8 y 10 años) me encontraba a solas en el jardín, cavilando. Pasó volando un cuco y empezó a cantar. Experimenté una sensación que sólo puedo describir como el efecto producido por la rotación de un caleidoscopio. Había una sensación de intemporalidad. No era tan sólo que el tiempo se hubiera detenido o que toda duración hubiera cesado, sino que yo mismo me encontraba también fuera del tiempo. Sabía, de algún modo, que formaba parte de la eternidad. Y había también una sensación de ausencia de espacio. Perdí la consciencia de mi entorno. Con este distanciamiento sentí un gozo nunca antes conocido y al mismo tiempo un anhelo tan grande -por algo que desconocía- que dificilmente era diferenciable del sufrimiento ...
La segunda vez ocurrió después de la primera. Era un día absolutamente tranquilo, lleno de luz. En el jardín todo era resplandeciente, sobrecogedor, como en impaciente espera. De repente me sentí convencido de la existencia de Dios como si tan sólo tuviera que extender la mano para tocarle. Y, al mismo tiempo, volvió a aparecer aquel sublime gozo e indescriptible anhelo similar quizá al de vivir exiliado de tu hogar. Parecía que mi corazón iba a salírseme del cuerpo.
Relato del Reru

Establecer una meditación diaria

De entrada, selecciona un espacio adecuado para tu meditación regular. Puede ser cualquier sitio en que te puedas sentar con comodidad y en el que las distracciones sean mínimas: una esquina de tu habitación o cualquier lugar tranquilo de tu casa. Sitúa un cojín de meditación o silla. Arregla el entorno para acordarte de tu propósito meditativo, para que de la sensación de un lugar sagrado y pacífico. Tal vez desees construir un sencillo altar con una flor o imagen sagrada, o situar tus libros espirituales favoritos para los instantes de lectura estimulante. Disfruta creándote este espacio para ti mismo.
Luego, selecciona un horario regular para la práctica, que se acomode a tu agenda y temperamento. Si eres una persona madrugadora, experimenta con una sentada antes del desayuno. Si la tarde casa mejor con tu temperamento o agenda, inténtalo a esas horas. Empieza sentándote durante diez o veinte minutos cada vez. Más adelante podrás sentarte más tiempo o con mayor frecuencia. La meditación diaria puede convertirse en algo similar al baño o a la limpieza de los dientes. Puede aportar una limpieza regular y tranquilidad a tu corazón y mente.
Encuentra una postura en la silla o el cojín en la que puedas sentarte erguido con comodidad, sin ponerte rígido. Deja que tu cuerpo se plante firmemente en la tierra, las manos descansando cómodamente, el corazón suave, los ojos ligeramente cerrados. De entrada siente tu cuerpo, y conscientemente suaviza cualquier tensión evidente. Abandona cualquier planificación o pensamiento habitual. Lleva tu atención a sentir las sensaciones de tu respiración. Respira hondo varias veces para experimentar donde notas la respiración con mayor facilidad, en forma de frío u hormigueo en las fosas nasales o la garganta, como movimiento del pecho o el subir y bajar del estómago. Luego, respira naturalmente. Experimenta minuciosamente las sensaciones de tu respiración natural, relajándote en cada respiración a medida que la experimentas, dándote cuenta de cómo estas suaves sensaciones de la respiración van y vienen con sus cambios.
Tras unas pocas respiraciones, probablemente tu mente vagabundee. Cuando te des cuenta, no importa el tiempo que te hayas ido, simplemente vuelve a la siguiente respiración. Antes de regresar, puedes reconocer con atención donde te has ido mediante una suave palabra en el fondo de tu mente, como "pensando", "divagando", "oyendo", "picor". Tras nombrarte en silencio y con suavidad a dónde se ha dirigido tu atención, de un modo suave y directo regresa, para sentir la próxima respiración. Más tarde, en tu meditación serás capaz de trabajar con los lugares por los que tu mente vagabundea, pero, para un entreno preliminar, lo mejor es una palabra de reconocimiento y regresar sencillamente a la respiración.
Mientras estás sentado, deja que tu respiración cambie sus ritmos de un modo natural, dejando que sea corta, larga, rápida, lenta, brusca o suave. Cálmate relajándote en el seno de la respiración. Cuando tu respiración se torne suave, deja que tu atención se vuelva atenta y cuidadosa, tan suave como la respiración misma.
Como cuando adiestramos a un cachorro, atentamente vuelve mil veces atrás. Tras semanas y meses de una práctica de esta naturaleza, paulatinamente aprenderás a calmarte y concentrarte utilizando la respiración. En el proceso se producirán muchos ciclos, días tormentosos alternarán con días despejados. Simplemente estáte presente. A medida que lo haces, escuchando a fondo, descubrirás que la respiración es útil para conectar todo el cuerpo y la mente, y serenarlos.
Trabajar con la respiración es una magnífica base para el resto de las meditaciones. Tras desarrollar algo de calma y habilidad, y comunicar con tu respiración, puedes ampliar la gama de tus meditaciones para incluir la sanación y la consciencia en todos los niveles de tu cuerpo y de tu mente. Descubrirás como el ser consciente de tu respiración puede servir como punto de equilibrio para todo aquello que hagas.

Saboreando la sopa de avena

Era la segunda mañana del sesshin (retiro) de fin de semana. El primer día estuve todo el tiempo sentando inquieto, dolorido y aburrido, preguntándome qué estaba haciando aquí. ¿Qué me mantenía sentado soportando todo aquello? Cuando llegó la segunda mañana era incapaz de imaginarme cómo podría seguir soportándolo.
Nos dieron el desayuno sentados en nuestros cojines. Cuando se me acercó el que la servía, le ofrecí mi cuenco y puso en él algo de la sopa de avena. Después de que todos estuvieron servidos, empezamos a comer. Yo probé un poco de sopa de avena y sentí un estremecimiento. Me quedé perplejo: era absolutamente deliciosa. Empecé a llorar. En ese instante me di cuenta de que, por muchas veces que la hubiera comido, nunca antes había saboreado la sopa de avena.
Un estudiante zen
Un hombre atrapó a un pájaro en una trampa.
El pájaro dijo: "Señor, has comido muchas vacas y ovejas
en tu vida y sigues hambriento. La poca carne de mis huesos
tampoco te satisfará. Si me dejas ir, te daré tres aforismos
de sabiduría. Uno te lo diré estando en tu mano. Uno en tu
tejado. Y uno desde la rama de un árbol."
El hombre se mostró interesado. Liberó al pájaro y lo puso en su mano.
"Número uno: No creas en la absurdidad,
la exprese quien la exprese."
El pájaro voló al tejado. "Número dos:
No te lamentes del pasado; ya pasó.
Nunca te lamentes de lo sucedido.
En realidad," prosiguió el ave, "mi cuerpo contiene una gran perla que pesa
como diez monedas de cobre. Iba a ser una herencia para ti y para tus hijos,
pero ahora la has perdido. Podías haber sido dueño de la mayor perla existente,
pero, evidentemente, no ha sido así."
El hombre empezó a soltar alaridos.
El pájaro dijo: "¿No te acabo de decir 'No te lamentes del pasado'
y también 'No creas en cosas absurdas'? "Mi cuerpo no pesa diez monedas de cobre.
¿Cómo podría contener una perla tan pesada?"
El hombre recuperó su juicio. "De acuerdo, dime el tercero."
"Sí, ¡has hecho muy buen uso de los dos primeros!
"No des consejos a alguien que esté aturdido y durmiéndose.
No siembres en la arena."
Rumí

Esta agua

Oren Lyons fue el primer Onondagan en ir a una universidad. Cuando volvió a su reserva en sus primeras vacaciones, su tío le propuso ir a pescar al lago. En cuanto tuvo a su sobrino en medio del lago, donde él quería, empezó a interrogarle.
Bien, Oren -le dijo- has estado en la universidad y ahora debes de saber mucho gracias a todo lo que te han enseñado. Déjame hacerte una pregunta: "¿Quién eres?".
Sorprendido por la pregunta, Oren no supo exactamente qué responder:
¿Qué quieres decir? ¿Quién soy yo? Soy tu sobrino, evidentemente.
Su tío rechazó aquella respuesta y le repitió la pregunta.
Sucesivamente, el sobrino le fue diciendo que era Oren Lyons, un Onondagan, un ser humano, un hombre, un joven, todo en vano.
Cuando si tío le hubo dejado sin respuesta y él quiso que le informara de quién era, su tío le dijo:
¿Ves ese acantilado de allí Oren? ¿Ves ese acantilado? ¿Y aquel gran pino en la otra parte? Pues Oren, tú eres ese pino. ¿Y ves esta agua que mantiene flotando tu bote? Tú eres esta agua.
Huston Smith
Por lo general, la gente interesada en el desarrollo espiritual piensa -en términos de importancia mental- en lo misterioso, elevado y profundo que es lo que hemos decidido aprender. Pero, sorprendentemente, lo profundo y lo trascendental ha de ser hallado en lo mundano.
Chogyam Trungpa
Voy junto a los árboles y me siento sereno.
Mis agitaciones se calman
a mi alrededor como ondas en el agua.
Mis tareas están en su lugar,
donde las dejé, dormidas como ganado ...
Entonces se presenta lo que temo.
Vivo un rato a su alcance.
Lo que temo desaparece,
Y el miedo a ello me abandona.
Canta, y oigo su canción.
Wendell Berry
Esta vida es una prueba, sólo una prueba.
Si se tratara de una vida real, habríamos recibido más
instrucciones de a dónde ir y qué hacer.
Recuerda, esta vida es sólo una prueba.
Jack Kornfield

Hoy he sido feliz. Por eso escribí este poema..

Mientras la rolliza ardilla corretea
por el tejado del granero,
la luna emerge de súbito en la oscuridad
y me doy cuenta de que es imposible morir.
Cada instante de tiempo es una montaña.
Un águila se regocija en los robles del cielo,
llorando.
Esto es lo que anhelaba ...
James Wright

Lago Tilicho

En este lugar elevado
es tan sencillo como esto:
deja atrás todo lo que sabes.
Avanza hacia la fría superficie,
entona la antigua oración de amor no refinado
y abre tus brazos.
Los que se acercan con las manos vacías
contemplarán atónitos el lago, ahí,
bajo la fría luz
reflejando la nieve pura,
la verdadera silueta de tu propio rostro.
David Whyte

Abriéndote desde el corazón

Ahora mismo, en cada instante del ahora, te estás abriendo o cerrando. O bien estás esperando, tensamente, algo -más dinero, seguridad, afecto- o estás viviendo desde la profundidad de tu corazón, abriéndote al momento presente y entregando sin dilación aquello que más deseas dar.
Si estás esperando algo para poder vivir y amar plenamente, entonces sufres. Cada instante es el instante más importante de tu vida. Ningún tiempo futuro es mejor que el ahora para bajar la guardia y amar. Todo lo que ahora estás haciendo crea ondas que afectan a todo el mundo. Tu postura puede hacer brillar tu corazón o transmitir ansiedad. Tu aliento puede irradiar amor o contaminar de depresión la habitación. Tu mirada puede generar alegría. Tus palabras, inspirar libertad. Cada uno de tus actos puede abrir corazones y mentes.
Abriéndote desde el corazón, eres como un regalo para todos.
A cada instante te estás abriendo o cerrando. Ahora mismo ¿estás eligiendo abrirte y entregarte o estás a la espera? ¿Qué escoges?
David Deida
Se me mostró un pajarillo que estaba
aprendiendo a volar. Sus primeros esfuerzos
eran muy débiles. Pero al usar sus alas
cada vez más, éstas se hicieron fuertes
hasta haber encontrado la libertad de volar
y ser capaz de ascender a grandes alturas
y surcar largas distancias sin ningún esfuerzo.
Oí estas palabras:
La fe llega con la práctica.
Vive según la fe hasta que sea fuerte
e inquebrantable como una roca,
y encuentra la verdadera libertad del Espíritu.
Eileen Caddy
Para la gota de lluvia, el gozo es entrar en el río ...
Cuando se viaja lo suficientemente lejos a lo largo de la pena,
las lagrimas se vuelven suspiros;
Cuando tras la fuerte lluvia, las nubes tormentosas se dispersan,
¿no han despejado totalmente su humedad?
Mirza Ghalib

Cartas de Dios

Oigo y contemplo a Dios en cada objeto,
aunque no comprendo a Dios en absoluto,
ni comprendo qué puede haber más maravilloso que yo mismo.
¿Por qué he de desear ver a Dios antes que a este día?
Veo algo de Dios en cada una de las veinticuatro horas
y en cada momento.
En los rostros de hombres y mujeres veo a Dios
y en mi propio rostro ante el espejo.
Encuentro cartas de Dios caídas en la calle
y cada una va firmada con el nombre de Dios.
Y las dejo donde están porque sé que, vaya adonde vaya,
otras, puntualmente, aparecerán siempre.
Walt Whitman

El valor de las cosas

“Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?”
El maestro, sin mirarlo, le dijo: Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después… y haciendo una pausa agregó: Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar. Encantado, maestro, titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas. Bien, asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó: toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas. El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban la espalda y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa, para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta. Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, monto su caballo y regresó. Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Entró en la habitación. Maestro, dijo, lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo. Qué importante lo que dijiste, joven amigo,contestó sonriente el maestro. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo. El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo: Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo. ¿58 monedas?, exclamó el joven. Sí, replicó el joyero. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé … si la venta es urgente… El Joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido. Siéntate, dijo el maestro después de escucharlo. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor? Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.
Henri Brunel

¡Esto es!

Inténtalo: recuérdatelo a ti mismo de vez en cuando: "¡Esto es!" Fíjate en si hay algo a lo que no pueda aplicarse. Recuerda que la aceptación del momento presente no tiene nada que ver con resignarte ante lo que está aconteciendo. Significa, simplemente, darte cuenta con claridad de que lo que está sucediendo, es lo que hay. La aceptación no te dirá qué hay que hacer. Lo que vaya a suceder, lo que elijas hacer, ha de surgir de tu comprensión respecto al momento presente. Puede que trates de demostrar un profundo conocimiento del "¡Esto es eso!". ¿Influye esto en cómo eliges responder o proceder? ¿Te es posible entender que ésta puede ser verdaderamente la mejor época, el mejor momento de tu vida? Y si fuera así, ¿qué significaría para ti?
Jon Kabat-Zinn
Puedes practicar la plena atención porque existe la falta de atención, pero no puedes practicar la vivencia porque sólo hay vivencia. En la plena atención prestas atención al momento presente tratando de estar "aquí y ahora", pero la pura vivencia es el actual estado de consciencia antes de que intentaras hacer nada con ella. Tratar de estar "aquí y ahora" requiere un momento futuro en el cual serás plenamente consciente, pero la pura vivencia es este instante antes de que intentes nada. Eres ya consciente, ya estás iluminado ...
... Es como cuando miras el escaparate de unos grandes almacenes y descubres una vaga imagen que también te mira a ti. Vas enfocando la imagen y con sorpresa descubres que es tu propio reflejo en la ventana. El mundo entero, de acuerdo con esas tradiciones, no es más que la imagen de tu propio Ser reflejada en el espejo de tu propia consciencia. ¿Ves? La estás contemplando ya.
Ken Wilber

La capacidad de ver

La vida continúa, tanto si actuamos como cobardes o como héroes. La única disciplina que la vida nos impone es descubrirla, aceptándola sin vacilación.
Todo aquello ante lo que cerramos los ojos; todo aquello de lo que nos alejamos; todo aquello que negamos, denigramos o despreciamos, es, al final, utilizado para derrotarnos. Lo que nos parece nauseabundo, doloroso y perjudicial puede convertirse en fuente de alegría, belleza y fortaleza, si se afronta con una mente abierta.
Cada instante es un instante de oro para aquél que tiene la capacidad de reconocerlo como tal.
Henry Miller