La intimidad es una experiencia de no separación, de ser uno con lo que está sucediendo, sea lo que sea. Tendemos a pensar que, ahora mismo, no somos "correctos", demasiado miedosos, ambiciosos, coléricos, o lo que sea, pero que si emprendemos alguna clase de práctica espiritual podremos mejorar. En algún punto del futuro, seremos como debemos ser.
Tenemos una mente basada en "paras": siempre hacemos esto "para" obtener eso, o "para" ser eso otro. Y, sin embargo, es esta tendencia a esforzarnos, a ser ambiciosos, a preocuparnos por metas, a adelantarnos a los acontecimientos, lo que nos saca del momento presente y nos aleja de lo que somos ahora. En realidad, nos impide la intimidad. Entonces nos quejamos, pero es el propio deseo el que nos impide la intimidad.
Larry Rosenberg

La cuerda de plata

Una mañana clara, estaba Buddha paseándose por los cielos, a orillas del lago de la Flor de loto, pensativo bajo la caricia del sol. Al inclinarse sobre el agua del lago, vio en las hirvientes profundidades de Naraka (el infierno) a un hombre que se debatía furiosamente y que parecía pedir ayuda. Buddha lo reconoció de inmediato. Era un hombre llamado Kantuka, un ladrón, un libertino, un abominable asesino a quien había encontrado durante su paso por la tierra. Buddha es la Compasión infinita, recordó que una vez en su vida, aquel Kantuka había manifestado un poco de bondad. Una gran araña se había posado en su sandalia, y él, en vez de aplastarla, le había perdonado la vida y había seguido su camino.
Voy a ayudarlo, pensó Buddha, por aquel gesto de compasión. Quién sabe, tal vez quede todavía un resplandor de generosidad en ese desdichado. Tomó entonces un hilo de araña y lo hizo bajar por el lago en dirección a Kantuka. El hilo se transformó en cuerda de plata, y el bandido se agarró a ella sólidamente. Empezó a subir. La ascensión era dura. Kantuka ponía en ella todas sus fuerzas. Se empleaba con las manos y los pies, con las rodillas, sudando y resoplando. Pronto distinguió un rincón de cielo azul encima de su cabeza. Estaba redoblando los esfuerzos cuando echó una ojeada hacia abajo. !Horror! Una decena de antiguos compañeros suyos se aferraban a la cuerda de plata y se esforzaban por ascender también.
Esta cuerda corre peligro de no ser lo bastante sólida para sostenernos a todos, se dijo Kantuka. Recordó entonces que todavía llevaba en un bolsillo secreto un cuchillo de sus tiempos de asesino. "Voy a cortar la cuerda, pensó, y me desembarazaré de ellos". Apenas formulado su pensamientos, se rompió la cuerda por encima de él y cayó de nuevo para siempre en los Infiernos.

La ceremonia del té

Del collar, cada cual escoge la cuenta que más le gusta. Vivir en el presente es uno de los secretos del Zen. Otro enfoque bien conocido es el del Cha no yu, la ceremonia del té.
Los ingredientes son los siguientes:
- un lugar modesto y apacible,
- acoger el momento,
- trato agradable y tranquilo con amigos,
- cuidado y amor aportados a la preparación del "elixir dorado": el té,
- contemplación de objetos simples y hermosos,
- silencio.
Imaginémonos un sendero apartado, en una montaña o en un bosque que conduce a la morada de un sabio. Ahí vemos aparecer el pabellón de té. Su construcción es simple, está hecho de madera y bambú. Aquí de lo que se trata no es de oponerse al tiempo, de deificarlo mediante una irrisoria eternidad de piedra, sino de "abrazarse" a él. La sala en la que entramos es de superficie modesta: unos nueve metros cuadrados (dos esteras y media); tres o cuatro amigos cabrán cómodamente. Una pintura zen, un ramo de flores del campo por todo adorno. El hogar de carbón de madera, el hervidor de hierro redondo cubierto de pátina, el recipiente del agua, el cucharón de bambú, un trapo blanco inmaculado, los botes de té, los boles tradicionales corrientes. El maestro de té lleva a cabo los gestos rituales con eficacia, lentitud, cuidado y amor. La conversación va transcurriendo, apacible; se habla de poesía, de historia, de arquitectura. Muy suavemente se va apagando el ligero ruido de las voces, y todos contemplan en silencio los boles familiares, una flor del campo; se oye a lo lejos el canto de un pájaro. El tiempo se encuentra en suspenso; armonía, serenidad.
A lo largo de los siglos, el ritual se fue complicando, se fueron conviniendo cientos de reglas sobre el arreglo floral, la manera de verter el té, etc., pero Rikyu, el más célebre de los maestros de té, recordaba:
El té no es otra cosa que esto:
Hacéis hervir el agua
Hacéis infundir el té
Y os lo bebéis ...
Es todo cuanto hay que saber.
Llegará el día en que después de conocer el espacio, los vientos, las mareas y la gravedad; conoceremos las energías del amor. Y ese día por segunda vez en la historia del mundo, habremos descubierto el fuego.
Pierre Teilhard de Chardin

Una meditación de amor

La calidad del amor es el suelo fértil a partir del cual puede crecer una vida espiritual integrada. Con un corazón amoroso como trasfondo, todo lo que intentemos, todo aquello que nos salga al paso, se abrirá y florecerá con más facilidad. Aunque el amor puede surgir de un modo natural en muchas circunstancias, también podemos cultivarlo.
La meditación siguiente tiene dos mil quinientos años de antiguedad y utiliza frases repetidas, imágenes y sentimientos para evocar el amor y la amistad hacia uno mismo y hacia los demás. Podéis experimentar con esta práctica, para comprobar si os es útil. Lo mejor es empezar repitiéndola una y otra vez durante quince o veinte minutos, una o dos veces al día, en un lugar tranquilo, durante algunos meses. Al principio, esta meditación puede pareceros mecánica o extraña o provocaros lo contrario, sensaciones de irritación e ira. Si esto sucede, es muy importante tener paciencia y ser amable con uno mismo, dando la bienvenida a todo lo que se presente con un espíritu de fraternidad y afecto. A su debido tiempo, incluso frente a dificultades interiores, se desarrollará el amor. Siéntate cómodo. Relaja tu cuerpo. En la medida en que puedas, serena tu mente; abandona proyectos y preocupaciones. Luego, recita internamente las siguientes frases dirigidas a ti mismo. Empiezas por tí mismo, puesto que sin amarte a ti mismo es casi imposible amar a los demás.
Que me llene de amor. Que esté bien. Que pueda estar en paz y cómodo. Que sea feliz.
A medida que dices las frases, tal vez desees utilizar la imagen que nos proporcionan las instrucciones de Buda: imagínate como un joven y amado niño, o imagínate como eres ahora; mantente con un corazón amoroso. Permite que los sentimientos acompañen la voz. Sintoniza las palabras y las imágenes, de modo que encuentres las frases exactas que mejor abran tu corazón amoroso. Repite las frases una y otra vez, dejando que los sentimientos impregnen tu cuerpo y tu mente. Practica repetidamente esta meditación a lo largo de varias semanas, hasta que crezca la sensación de amor por ti mismo. Cuando te sientas preparado, en el mismo periodo de meditación puedes ampliar paulatinamente el foco de tu amor para incluir a los demás. Después de tí, escoge un benefactor, alguien que te haya cuidado realmente en la vida. Visualizalo y recita cuidadosamente las mismas frases, Que me llene de amor, etc. Cuando se ha desarrollado el amor por tu benefactor, empieza a incluir en tu meditación a otras personas amadas, visualizándolas y recitando las mismas frases, despertando un sentido de amor por ellas. Más tarde, poco a poco, puedes ir incluyendo a los demás: amigos, miembros de la comunidad, vecinos, la gente que te rodea, animales, a toda la tierra, a todos los seres. Luego, incluso, puedes experimentar hasta incluir a la gente que te plantea más problemas, deseando que ellos también, se llenen de amor y paz. Con alguna práctica puede desarrollarse un equilibrio sentido de amor, y en el curso de los quince o veinte minutos, serás capaz de incluir en tu meditación a muchos seres, pasando de ti mismo a un benefactor y seres queridos, hasta alcanzar a todos los seres. Luego, podrás aprender a practicarlo en cualquier lugar. Puedes utilizar esta meditación en un embotellamiento, en autobús y aviones, en la sala de espera del médico, u en otras mil circunstancias. Practicando silenciosamente esta meditación amorosa sobre las personas, de inmediato sentirás una maravillosa comunicación: el poder del amor. Serenará tu vida y te mantendrá conectado con tu corazón.

Leyenda de la verdad

Cuentan los que saben, que hace muchos, muchos años, había en cierto lejano e inhóspito paraje un espejo grande como un lago donde residía la Verdad. Los que se enteraban de su existencia, hacían expediciones para hallarlo. Durante años tales misiones fracasaron una tras otra, ya porque los datos eran insuficientes, ya porque abandonaban demasiado pronto, o se perdían en pos de indicios falsos. Hasta que por fin, el guía de un grupo equipado con los instrumentos, la decisión y el empeño suficientes, divisó el ansiado brillo en la distancia. Los exploradores recobraron las fuerzas y corrieron. Todos tenían el mismo propósito: apoderarse del espejo. Al llegar se aferraron al cristal; lucharon y tironearon encarnizadamente, hasta que se rompió, y cada uno pudo obtener sólo un fragmento, que guardó, victorioso, como un trofeo. Al regreso, compartieron los pedazos con sus mujeres, y más adelante los dividieron para legarlos a sus hijos, que, a su vez, pasados los años, los desmenuzaron para cederlos a los suyos...hasta que todo el mundo tuvo una parte de la VERDAD.
Un explorador, ansioso por llegar cuanto antes a su destino, en el corazón de Africa, ofrecio una paga extra a sus porteadores para que anduviesen más deprisa. Durante varios dìas, los porteadores apuraron el paso. Una tarde, sin embargo, se sentaron todos en el suelo y posaron su carga, negándose a continuar. Por más dinero que se les ofreciese, los nativos no se movían. Finalmente, cuando el explorador pidió una explicacion para aquel comportamiento, obtuvo la siguiente respuesta. Hemos andado demasiado deprisa y ya no sabemos ni lo que estamos haciendo. Tenemos que esperar a que ahora, nuestras almas nos alcancen.
Paulo Coelho