El amor transforma lo amargo en dulce, el cobre en oro, desvanece las sombras.

Convierte la muerte en vida, y los señores en esclavos.

Del entendimiento viene el amor, ¿te ha llevado alguna vez la estupidez tan alto?

Rumí

Ni más ni menos

¿Quién es el que está meditando? Si te sientas y cierras los ojos y te pones a buscar, nunca encontrarás al meditador. ¿Por qué razón meditas? Por eso, mientras estés ahí, a la expectativa, o incluso abriéndote a la iluminación, nada sucederá. La anticipación es, por sí sola, suficiente para garantizarlo. Anticiparse es una función mental ligada al recuerdo del pasado y a las expectativas de lo que acontecerá en un futuro. Mientras se dé, no habrá posibilidad de que surja nada más. En cierta manera puedo decirte que, tanto si meditas como si no meditas, da igual. Cuando ves y comprendes la naturaleza de "lo que es", su simplicidad, su inmediatez, su singularidad y su transitoriedad, también comprendes que la meditación formal es superflua. Estás sentando en la mesa de la cocina bebiendo café y surge el pensamiento: "Tendría que ir a meditar". Entonces te das cuenta de que no sirve de nada porque donde estás "es lo que es". Lo que es, es, ¿por qué ir a buscarlo escaleras arriba? Cuando aceptas esto es posible reconocer que lo que eres es conciencia absoluta. Ni más ni menos.
Tony Parson
"No enfoquen la vida en forma negativa", le dijo el Maestro a un grupo de discípulos.
¿Por qué contemplar las cloacas, cuando hay tanta belleza a nuestro alrededor?
Incluso en las más extraordinarias obras de arte, en la música y la literatura, podemos siempre descubrir algún defecto. Pero, ¿no es preferible disfrutar de su encanto y de su gloria? La vida posee un aspecto luminoso y otro oscuro, pues el mundo de la relatividad está compuesto de luz y de sombra.
Si dejan que sus pensamientos se concentren en el mal, ustedes mismos se tornarán feos.
Contemplen solamente el bien en todo, y absorberán así la cualidad de la belleza.
Paramahansa Yogananda

La vía del no esfuerzo

... Poonjaji se volvió hacia mí y me preguntó directamente:
Cuando no hay pasado ni futuro, ¿quién eres?
Me descubrí buscando en mi mismo quién era y en el instante en que me volví hacia mi interior se produjo lo que puedo describir como una explosión de silencio. Mi cuerpo estaba vivo y vibraba de energía, pero la mente estaba totalmente en silencio. Él repitió la pregunta y me vi a mí mismo diciendo:
Yo soy.
No había nada más que decir.
Muy bien -respondió mientras se le iluminaba el rostro-. Y ahora, ¿quién eres cuando no hay el "yo soy"?
Hubo entonces otra explosión en mi interior, tras la cual mi boca dijo:
Nada.
La palabra surgió de un lugar desconocido, pero en cuanto la pronuncié supe que era la respuesta correcta. Mientras pronunciaba la palabra mi cuerpo y mi mente parecieron explotar de nuevo en un silencio aún mayor. Anteriormente le había hablado de mis hábitos y tendencias mentales, mencionándole que los consideraba claramente los obstáculos que obstruían mi atención. Él me miró y me preguntó:
Ahora, ¿cuál es la naturaleza de todas esas tendencias mentales de las que antes me hablabas?
La experiencia que estaba teniendo me dio la respuesta:
No poseen realidad alguna.
Bien, me dijo. Ahora comprendes. Aquí es donde empieza nuestro trabajo.
Murray Feldman

El Collar

... No es necesario ningún esfuerzo especial para realizar el Ser. Todos los esfuerzos se centran en eliminar el actual oscurecimiento de la Verdad. Una mujer lleva un collar en el cuello. Se olvida de él, cree haberlo perdido e, impulsivamente, se lanza a buscarlo aquí, allí y por todas partes. Al no encontrarlo les pregunta a sus amigos si lo han visto en alguna parte, hasta que uno de sus amigos, señalándole el cuello, le dice que se toque el collar que lleva ceñido. Así lo hace y se siente feliz por haber hallado su collar.
Y cuando, de nuevo, se encuentra con sus amigos, estos le preguntan si ya encontró su collar. Y ella les responde: "sí", como si lo hubiera perdido y recuperado. Su felicidad al descubrirlo ciñéndole el cuello es la misma que si hubiera recuperado algo suyo perdido. En realidad, nunca lo había perdido ni nunca lo recuperó. Y, no obstante, se sintió desgraciada y ahora es feliz. Ocurre igual con la realización del Ser.
Ramana Maharshi

Cuando llega la muerte (pasaje)

Y así pues, lo contemplo todo como una hermandad de hombres y mujeres, y considero el tiempo sólo como una idea, y considero la eternidad como otra posibilidad; y pienso en cada vida como una flor, tan corriente y tan singular como una margarita de campo;
y en cada nombre como una agradable música en la boca, tendiendo -como todas las musicas- hacia el silencio;
y en cada cuerpo como un adalid del coraje; algo precioso de la Tierra.
Acabado esto, quiero decir: toda mi vida fui novia del asombro.
Fui el novio llevando al mundo entre mis brazos.
Mary Oliver

Las dos personas ...

Dos personas han vivido en usted durante toda su vida. Una es el ego, gárrulo, exigente, histérico, calculador; la otra es su ser espiritual oculto, cuya queda voz de sabiduría rara vez ha oído o atendido. A medida que vaya escuchando cada vez más las enseñanzas, las contemple y las integre en su propia vida, su voz interior, su sabiduría innata para discernir lo que en budismo denominamos "percepción selectiva", despertará y se irá fortaleciendo, y empezará usted a distinguir entre su guía y las diversas, clamorosas y cautivadoras voces del ego. Empieza a regresarle el recuerdo de su auténtica naturaleza, con todo su esplendor y confianza. Comprobará, en realidad, que ha descubierto en usted mismo su propio guía sabio, y conforme la voz de su percepción selectiva se vaya haciendo más y más fuerte y clara, empezará usted a distinguir entre la verdad de esa voz y los variados engaños del ego, y podrá escucharla con discernimiento y confianza. Sogyal Rinpoche
El libro tibetano de la vida y de la muerte

El Alma y el Poder

El mundo siempre había amado a los santos como la mayor aproximación posible a la perfección de Dios. Parece que Cristo, merced a algún instinto divino, hubiera amado siempre al pecador como la mayor aproximación posible a la perfección del hombre. Su principal deseo no era reformar a la gente ni tampoco aliviar el sufrimiento. Pero en el sentido que el mundo aún no ha entendido, consideraba el pecado y el sufrimiento como cosas que en sí mismas eran bellas y sagradas, y modos de la perfección.
Oscar Wilde
En una vida llena de alma nunca falta la sombra, y parte del poder del alma se genera en las características de la sombra. Si queremos vivir desde nuestras profundidades -en plenitud de alma-, entonces, a medida que la sombra se oscurece, tenemos que renunciar a toda pretensión de inocencia. La recompensa principal del abandono de la inocencia, con el fin de que el alma pueda expresarse plenamente, es un aumento de poder. En presencia del poder profundo, la vida se robustece y se vuelve apasionada, signos de que el alma está comprometida y expresándose.
Thomas Moore
El cuidado del alma

La parábola de la flor sin aroma

Se parece el método sin intención pura a una bella flor que no exhala ningún aroma.
La intención pura embellece el alma, y es como un maravilloso perfume que exhala la mente y que orienta el método hacia el verdadero crecimiento interior y la realización de uno mismo. Esa intención, cuando es pura, es también altruista, es decir, la persona trata de mejorarse y evolucionar no sólo para beneficio propio, sino también para los demás. Del mismo modo que la lámpara no sólo se procura luz a sí misma, sino a todo lo que la rodea, así la persona que mejora su vida interior y se armoniza también irradia su "perfume" en todas las direcciones.
Ramiro Calle
Los Mejores Aforismos y Parábolas de Oriente.
Correctamente entendidos y utilizados, los obstáculos y dificultades a menudo pueden resultar una fuente inesperada de energías.
Gesar fue un gran rey guerrero del Tibet, cuyas hazañas constituyen la mayor epopeya de la literatura tibetana. Gesar significa "indomable", una persona a la que nunca se puede abatir. Desde el momento en que nació, su malvado tío Trotung trató de eliminarlo por todos los medios, pero a cada nuevo intento Gesar se volvía más y más fuerte.
Para los tibetanos, Gesar no sólo es un guerrero en el plano de las armas, sino también en el espiritual. Un guerrero espiritual es alguien que ha desarrollado una clase especial de coraje, alguien de por sí inteligente, apacible e intrépido. Naturalmente, los guerreros espirituales también pueden tener miedo, pero aun así son lo bastante valerosos para saborear el sufrimiento, para relacionarse claramente con su miedo fundamental y extraer sin evadirse las lecciones de las dificultades.
Sogyal Rimpoché
Una reflexión directa sobre el significado de la muerte y las múltiples facetas de la verdad de la impermanencia, puede capacitarnos para hacer un uso enriquecedor de esta vida cuando aún tenemos tiempo, y nos permite morir sin tener que arrependirnos ni reprocharnos el haber malgastado la vida.
El célebre santo y poeta tibetano Milarepa dijo: "Mi religión es vivir, y morir, sin remordimientos".
Sogyal Rimpoché

Y yo fui el tiempo

En un clásico koan se te pide que describas tu rostro original, el que tenías antes de nacer. Nunca he estado tan cerca de poder responder a esa pregunta como en el año en que murió mi madre.
Tenía cáncer y tuvo que guardar cama durante un breve período. En los últimos tres o cuatro días de su vida, su apariencia física empezó a cambiar de manera ostensible. Perdió peso rápidamente y su piel comenzó a estirarse y sus arrugas, a desaparecer. En realidad, empezó a transformarse en alguien de apariencia muy relajada y realmente joven. Comenzó a parecerse enormemente a las fotos que yo había visto de ella, a la de las fotos que habían sido tomadas cuando tenía unos 20 años. Parecía una joven de pelo encanecido, como por capricho. Un inquieto eco de los tiempos felices.
Mientras la miraba me sentí engullido en una especie de enorme regalo. Era como si se me hubiera concedido la oportunidad de ver a mi madre tal y como era antes de nacer yo. El tiempo parecía haberse detenido. Y el tiempo se convirtió en algo excepcionalmente real para mí debido únicamente a que había dejado de transcurrir. La mujer que tenía ante mí era el tiempo. Y yo era el tiempo. Y la habitación era el tiempo.
Gary Thorp
Todo proviene del amor, incluso cuando no lo parece. Hasta aquellas personas que nos hacen cosas que nos reportan sufrimiento, están llevando a cabo un gran acto de servicio, porque nos están proporcionando información a través de esa experiencia sobre adónde necesitamos llevar más luz.
Chris Griscon

Un Largo Sueño

En la India dos hombres caminaban por el campo. El más anciano dijo:
Estoy cansado. Por favor, ve a buscar un poco de agua en los pozos que se ven al otro lado del arrozal. Te espero a la sombra de estos árboles.
El joven cruzó el campo y en el pozo se encontró con una muchacha que estaba sacando agua. Se sintió atraído por ella y suavemente le preguntó su nombre. Ella le contestó con una sonrisa. Algo más tarde él le propuso llevarle la vasija hasta el pueblo. Ella aceptó. Ya en la aldea fue invitado a comer en casa de la joven. Conoció a toda la familia y acabó pidiendo la mano de la chica. Se la concedieron.
Tras la boda trabajó como campesino, tuvo hijos y los educó. Uno murió de enfermedad. Sus suegros también fallecieron y se convirtió en el cabeza de familia. Su hijo mayor se casó y partió. Su mujer, con el pelo ya cano, murió algo después. Él la lloró, porque la había amado mucho. Días más tarde una inundación devastó el valle. Fue arrastrado como sus vecinos por un torbellino de agua fangosa. Luchó para sujetar a su hijo menor, que se ahogaba ante sus ojos.
De repente, sin saber por qué, se acordó de su amigo, el anciano que le había pedido agua. Al instante se encontró en tierra seca, cruzando un campo, con una jarra en la mano. Regresó junto al anciano, que estaba adormecido bajo un árbol. Algo en el aire, que se había vuelto puro y ligero, parecía indicarle al joven que se hallaba en el mismísimo umbral del Gran Misterio. El anciano se despertó y le dijo:
El sol ya está bajo. Tardaste mucho. Estaba a punto de ir a buscarte.

Convertir la pena en compasión

El corazón humano tiene la extraordinaria capacidad de mantener y transformar las penas de la vida en un gran río de compasión. Se trata del don de figuras como Buda, Jesús, La Virgen Maria y Kwan Yin, la Diosa de la Compasión, de proclamar el poder de su tierno y piadoso corazón frente a todo el sufrimiento del mundo. Cuando nuestro corazón se abre y se descubre, se inicia en él el despertar de este río de compasión interior. La compasión surge cuando permitimos que nuestro corazón sea alcanzado por el dolor y la necesidad de otro.
Para cultivar dicha cualidad, tal vez deseemos practicar la meditación tradicional para la práctica de la compasión y para transformar las penas en el fuego del corazón.
Siéntate serenamente de un modo silencioso y centrado. Respira con suavidad y siente tu cuerpo, los latidos del corazón, la fuerza vital que hay en tu interior. Siente el aprecio a tu propia vida, como te recoges frente a tus pesares. Tras unos instantes, lleva a tu mente a alguna persona cercana que ames. Imagínatelos, así como imagínate tu cariño hacia ellos. Date cuenta de como puedes detenerlos en tu corazón. Sé consciente de sus penas, del alcance de su sufrimiento en esta vida. Siente como tu corazón se abre de un modo natural, yendo hacia ellos para desearles lo mejor, ampliando su comodidad, compartiendo sus dolores y sumándote a ellos con compasión.
Se trata de la respuesta natural del corazón. Junto a dicha respuesta, deséales activamente su bienestar, recitando la frase tradicional, libérate del dolor y la pena, consigue la paz, mientras los mantienes en tu corazón compasivo. Sigue recitando dichas frases por algún tiempo.
A medida que aprendes a sentir tu hondo cariño por estas personas próximas, puedes ampliar dicha compasión a otros conocidos, de uno en uno. Poco a poco vas abriendo esta compasión cada vez más, hasta alcanzar a tus vecinos, a los que viven lejos y, finalmente, a la hermandad de todos los seres. Siente como la belleza de cada ser te aporta gozo y como el sufrimiento de cualquier ser te hace llorar. Siente la tierna comunicación con toda la vida y sus criaturas, como se ve acompañada de sus penas y las sujeta compasivamente.
Permite luego que tu corazón se convierta en una alquimia transformativa para las penas del mundo. Siente tu respiración, puedes inspirar dolor y expirar compasión. Empieza respirando las penas de todos los seres. Con cada inspiración, deja que las penas alcancen tu corazón y se transformen en compasión. Con cada expiración, desea el bien para todos los seres, amplía tu cariño y piadoso corazón para con ellos.
Mientras respiras, empieza a visualizar tu corazón como un fuego purificador que puede recibir los dolores del mundo y transformarlos en la luz y calor de la compasión.
Se trata de una meditación poderosa que puede exigir cierta práctica. Se amable contigo. Haz que el fuego de tu corazón arda suavemente en tu pecho. Inspira las penas de quienes pasan hambre. Inspira las penas de los que están atrapados en una guerra. Inspira las penas de la ignorancia. Con cada expiración, visualiza a todos los seres vivos y expira el saludable bálsamo de la compasión. Con cada suave inspiración, una y otra vez, amplía la piedad y la compasión sanadoras. Como la madre del mundo, lleva éste a tu corazón, invitando a todos los seres a que te alcancen con cada respiración, incorporándolos compasivamente con cada expiración.
Tras algún tiempo, siéntate tranquilamente y haz descansar naturalmente tu respiración y tu corazón, como si constituyeran un centro de compasión en medio del mundo.
Jack Kornfield
Allí estaba, sentado en una banqueta, con los pies descalzos sobre las baldosas rotas de la vereda, gorra marrón, manos arrugadas, sostenía un viejo bastón de madera; pantalones que, arremangados, dejaban libres sus pantorrillas y una camisa blanca, gastada, con un chaleco de lana tejido a mano. El anciano miraba a la nada. Lloró y en su única lágrima expresó tanto, que me fue muy difícil acercarme a preguntarle o siquiera consolarlo. Pasé por el frente de su casa mirándolo, al girar su cara fijó su vista en mi.
Le sonreí, lo saludé con un gesto, aunque no crucé la calle. No me animé, no lo conocía y si bien entendí que con aquella lágrima mostraba una gran necesidad, seguí mi camino, sin convencerme de estar haciendo lo correcto. Guardé la imagen de su mirada encontrándose con la mía. Traté de olvidarme. Caminé rápido, como escapándome. Compré un libro y ni bien llegué a mi casa comencé a leerlo. Esperaba que el tiempo borrara esa presencia... pero esa lágrima no se olvidaba...
“Los viejos no lloran así, por nada”, me dije. Esa noche me costó dormir, la conciencia no entiende de horarios. Decidí que a la mañana volvería a su casa y conversaría con él, tal como entendí que me lo había pedido. Luego de vencer mi pena, logré dormir. Recuerdo haber preparado un poco de café, compré galletas y, muy deprisa, fui a su casa convencido de tener mucho por conversar. Llamé a la puerta, cedieron las rechinantes bisagras y salió otro hombre.
“¿Qué desea?”, preguntó, mirándome con un gesto adusto.
“Busco al anciano que vive en esta casa”, contesté.
“Mi padre murió ayer por la tarde”, dijo entre lágrimas.
“¡Murió!”, respondí decepcionado. Las piernas se me aflojaron, la mente se me nubló y los ojos se me humedecieron.
“¿Usted quien es?”, volvió a interrogar.
“En realidad nadie -contesté- ayer pasé por la puerta de su casa y estaba su padre sentado, vi que lloraba y a pesar de que lo saludé no me detuve a preguntarle qué le sucedía. Hoy volví para hablar con él pero veo que es tarde”.
“No me lo va a creer, pero Usted es la persona de quien hablaba en su diario”, me comentó el hijo.
Extrañado por lo que me decía, lo miré pidiéndole más explicaciones.
“Pase, por favor”, me dijo.
Me llevó hasta donde estaba su diario y la ultima hoja rezaba: "hoy me regalaron una sonrisa plena y un saludo amable... hoy es un día bello".
Tuve que sentarme, me dolió el alma de solo pensar lo importante que hubiera sido para ese anciano que yo cruzara aquella calle. Me levanté lentamente, miré al hombre y le dije: “Si hubiera cruzado de vereda y hubiera conversado unos instantes con su padre...
” Pero me interrumpió y, con los ojos humedecidos de llanto, dijo: “¡Si yo hubiera venido a visitarlo al menos una vez este último año, quizás su saludo y su sonrisa no hubieran significado tanto!”.

Londres, Abril 1980

He venido a escucharle por primera vez, ¿podría hablarme de su filosofía de la vida?

Comencemos por considerar por qué has venido hoy aquí. Si buscas el motivo, descubrirás en ti un sentimiento de carencia interior, una especie de hambre que tratas de satisfacer viniendo aquí. Antes de seguir adelante, debes comprender que no hay realmente nada que alcanzar. Cuando te convences completamente de esto, tiene lugar una detención. Toda la energía previamente expandida hacia cualquier objetivo retorna a su origen y eres retrotraído a tu presencia. En un principio, puede tratarse de una presencia a algo, porque está en la naturaleza de los ojos el ver y en la de los oídos el oír. Pero cuando visión y audición quedan libres de motivo, finalidad e intención, no pertenecen ya sólo a los ojos y oídos. La atención no cualificada es multidimensional: todo el cuerpo oye y puedes sentir, aunque no de forma sensorial, que visión y audición aparecen en ti, en tu presencia global. Al final, incluso visión y audición desaparecen en esta presencia y tú eres uno con ella. En última instancia, no hay ya un sujeto que ve ni un objeto que es visto. Hay sólo unidad.

Esto es lo que vengo a comunicarte aquí. La identidad con esa presencia, con esa totalidad, con esa plenitud, es meditación, pero no hay nadie que medite ni objeto sobre el que meditar. Esto, pues, no pertenece a la filosofía. Es tu naturaleza real.

¿No equivale esto a descubrir lo que realmente somos?

Sí, pero nunca podemos conocer quiénes somos realmente como conocemos otras cosas, porque somos el proceso de conocer. Debemos, pues, admitir que somos conocimiento. Todo lo demás es sólo un concepto.

Pero podemos tener un resplandor fugaz de ello, un destello que provoca una certeza que después no podemos olvidar. Por eso nos esforzamos en volver de nuevo a esa situación.

Jean Klein- La Sencillez del ser

Dentro del patio de un castillo, sin puertas ni ventanas, con altos muros, había dos caballos encerrados. Cada cual pateó una muralla distinta tratando de derribarla para escapar. Uno de ellos se cansó. “Los muros son muy espesos. Nunca podré echarlos abajo. Mejor me tiendo en el suelo a dormir”. Así lo hizo… El otro caballo siguió pateando. Durante mucho tiempo no logró nada. Pero un día, cuando menos se lo esperaba, el muro cayó y él pudo ver un hermoso paisaje que le ofrecía su hierba verde… El primer equino, al verlo galopando libre y feliz, trató de seguirlo, pero una invisible barrera no le permitió escapar. Desde lo alto de los muros le llegó una voz: “¡Cada caballo tiene que labrar su propia salida!”… El animal comprendió la lección y comenzó a patear su muro, día y noche, sin cejar, hasta que la pared se derrumbó y obtuvo su libertad.
Alejandro Jodorowky

El verdadero fundamento de la enseñanza consiste en observar al "yo" como algo vacío.
Pero las personas vienen a estudiar el Dhamma para incrementar la propia opinión de su
yo, de modo que no quieren experimentar ni sufrimiento ni dificultades. Quieren que
todo sea cómodo y agradable. Ellos querrían trascender el sufrimiento, pero si todavía
hay un "yo", ¿cómo podrán hacerlo alguna vez?
Así es de sencillo una vez que lo entiende. Es así de simple y directo. Cuando surjan
cosas placenteras, comprenda que están vacías. Cuando surjan cosas desagradables,
observe que no son suyas. Pasan. No se relacione con ellas como algo propio, ni se vea
a sí mismo como poseyéndolas. Usted cree que el árbol de papaya es suyo, entonces
¿por qué no se siente herido cuando se tala? Si puede entenderlo, entonces ese es el
camino correcto, la enseñanza correcta del Buda y la enseñanza que conduce a la
liberación.
Ajahn Chah

Gracias

Gracias, India
gracias, terror
gracias, desilusión
gracias, debilidad
gracias, consecuencia
gracias, gracias, silencio
¿Qué tal si no te culpo de todo?
¿Qué tal si por una vez disfruto del momento?
¿Qué hay de lo bien que me sabe perdonarte?
¿Qué hay del afligirte por cualquier cosa?
El instante en que me liberé de ello
fue el momento en el que obtuve más de lo que podía manejar.
El instante en que me aparté
fue el instante en que toqué tierra.
¿Qué tal si dejo de ser masoquista?
¿Qué tal si recuerdas tu divinidad?
¿Qué tal si te pones a gritar sin asomo de vergüenza hasta que se te
salgan los ojos?
¿Qué tal si no equiparas la muerte con detenerte?
Gracias, India,
gracias, providencia,
gracias, desilusión,
gracias, nada,
gracias, claridad,
gracias, gracias, silencio.
Alanis Morissette

¿Dónde debemos depositar nuestro amor y confianza?

Al igual que sucede en la narración, nosotros sabemos que para alcanzar cualquier objetivo no tenemos que seguir alteracion ninguna. Basándonos en ello, vamos
a presentar ahora un análisis del objetivo más elevado que puede alcanzar el ser humano.
Las escrituras védicas llegaron a la conclusión de que, consciente o inconscientemente, todas las personas intentan alcanzar uno de tres objetivos. Estos tres objetivos y los procesos que hay que seguir para conseguirlos se podrían resumir de la siguiente manera:
La mayoría de las personas sigue el camino que busca la felicidad mediante la satisfacción de los deseos relacionados con el cuerpo.
En sánscrito, el disfrute material recibe el nombre de bhukti.
Algunos siguen el camino de la liberación de los sufrimientos de este mundo y quieren saborear los placeres del yo interior.
La liberación en sánscrito se denomina mukti.
Finalmente, unos pocos quieren servir a Dios con una devoción amorosa y pura.
El servicio devocional se conoce con el nombre de bhakti o bhakti-yoga, que literalmente significa “unión con la Persona Suprema”.
Si analizamos cuidadosamente la afirmación anterior, nos daremos cuenta de que la búsqueda de todo ser humano se reduce exclusivamente a uno de estos tres móviles.
¿Pueden las cosas materiales hacer que seamos completamente felices?
Conseguir la felicidad a través del bienestar económico es el primer objetivo que se menciona en las escrituras védicas, y también el más extendido.
Cualquiera puede obtener placeres sensuales temporales (riqueza, fama, placer físico, etc.) siempre que su ambición sea lo suficientemente intensa, y las escrituras Védicas explican claramente el método para conseguirlos. De hecho, algunas de ellas tratan exclusivamente de cómo las personas pueden alcanzar esos logros materiales; y no solo en este planeta, sino también en planetas superiores.
Quienes no han tenido la fortuna de oír hablar de metas espirituales más elevadas buscarán lógicamente los burdos placeres del cuerpo y el mero disfrute sensual.
Este mundo material está diseñado de forma que podamos disfrutar con los sentidos materiales: los ojos, la lengua, los oídos, el estómago, los genitales...
La inmensa mayoría de la gente centra todos sus esfuerzos en lograr esos placeres efímeros, pero ¿consiguen realmente tener éxito? ¿Conocemos a alguien que sea siempre feliz?
Hay personas muy pobres que solo pueden pensar en cosas básicas para subsistir (como alimento, ropa o vivienda) y que experimentan felicidad al conseguir, por ejemplo, un trozo de pan. Un hombre rico puede experimentar ese mismo nivel de felicidad comprándose un yate nuevo. Si lo pensamos bien, la felicidad del rico no es mucho mayor que la del pobre.
Sea cual sea la situación en la que nos encontremos, siempre querremos ser más felices y difícilmente nos contentaremos con aceptar las cosas tal como se nos presentan.
El problema es que en realidad nunca podemos llegar a dar un placer duradero y real al cuerpo y a los sentidos materiales, ya que estos no son eternos y, tarde o temprano, van a desaparecer. Sin embargo, el alma, que es nuestra auténtica identidad, es eterna y está siempre instándonos a que profundicemos en nosotros mismos y conectemos con nuestra naturaleza más elevada. Solo en esa dimensión podremos encontrar la verdadera felicidad.
Srila Bhaktivedanta Narayan Goswami Maharash

La enseñanza de lo cotidiano

Cuentan que, en cierta ocasión, un joven simple pidió entrar como novicio en un templo zen. El abad accedió, pero viendo su escasa capacidad para realizar incluso las tareas menos complejas, decidió encargarle que barriera bien el patio todos los dias. Así pasaron las semanas, los meses y los años... el joven simple se afanó en barrer minuciosamente el patio durante todos los dias de su vida. Lloviera, nevara, hiciera calor o viento, estuviera enfermo o cansado, el joven simple no dejó jamás de barrer cuidadosamente el patio con la vieja escoba. Nunca antes el patio del templo se había visto tan limpio. Una mañana el abad percibió que del monje emanaba algo que provocaba respeto y reconocimiento, algo en lo que nunca antes había reparado, acostumbrado como estaba a verlo un día tras otro formando parte del paisaje del patio. Aquel día el abad se acercó al monje, le invitó a que dejara la escoba por un momento y empezó a hacerle preguntas de hondo contenido espiritual. Terminada la conversación minutos después, el abad unió las manos sobre su pecho con respeto y se despidió del monje inclinándose con una profunda reverencia: había descubierto a un iluminado.
¿Cómo has alcanzado este estado?, le preguntó el abad. Tú no has tenido enseñanza de los maestros del templo y ni siquiera has leido las escrituras, tampoco has meditado durante horas junto a los demás monjes, únicamente te has dedicado a barrer el patio todos los dias, mañana y tarde.
Dices bien querido abad, contestó el monje, pero mi mejor maestro ha sido la escoba que me mostró el valor del silencio, de la humildad y del servicio; mis escrituras han sido el polvo seco del verano, las hojas del otoño, las lluvias de primavera y la nieve del invierno; y mi meditación ha estado siempre presente en la intención de barrer lo mejor que he sabido y he podido. Oídas aquellas palabras, el abad se retiró en silencio y el monje continuó barriendo el patio.

Perfectamente libre

Sé consciente de que todo lo que surge es la demostración de lo Absoluto, de la naturaleza primordial, de la simplicidad no fraccionada.
Si no te apegas, todo lo que surge es, por naturaleza, libre. Permanece tan sólo en la experiencia ecuánime, sin rechazar ni aceptar nada.
Los seres infantiles, al desconocer esto, tratan los fenómenos como si fueran sólidos y reales.
De esta manera da comienzo una cadena de atracciones y repulsiones y el gran sufrimiento que supone el vivir ... ¡un disfraz inexistente!
Las raíces más poderosas son la ignorancia y el considerar a seres y fenómenos como realmente existentes.
La existencia condicionada surge al acostumbrarnos a ello.
Nada que iluminar, nada que eliminar.
Contemplando perfectamente la perfección misma, viendo la perfección, eres perfectamente libre.
Shechen Gyaltsap

¿Me puedes mostrar a Dios?

Hubo una vez un rey en la India que quería ver a Dios. Sabiendo que su primer ministro era un hombre muy erudito, le mandó llamar y le preguntó:
¿Me puedes mostrar a Dios y decirme qué hace?
A pesar de todo su conocimiento, en ese momento el ministro no supo qué responder, por lo que pidió al
rey tres días de plazo para pensarlo. El rey accedió, pero le advirtió que si la solución no le satisfacía, dejaría de
confiar en él.
Una vez en su casa, el ministro buscó entre sus libros con la esperanza de encontrar una respuesta a la pregunta del rey, pero después de dos días no había conseguido nada. Advirtiendo el modo en que su padre se lamentaba en su biblioteca, su hijo de cinco años se acercó a él y le preguntó:
¿Por qué estás triste, papá?
No consigo encontrar una respuesta apropiada a una pregunta que me ha hecho el rey, y si no lo logro perderé su confianza.
¿Qué pregunta? inquirió su hijo.
Tú no lo entenderías, hijo mío. No te preocupes.
El niño insistió tanto, que al final el ministro se lo
contó todo.
El rey quiere ver a Dios y saber lo que hace. He buscado en todas las escrituras, pero no encuentro ninguna respuesta convincente.
El pequeño sonrió dulcemente y dijo: Es muy fácil. Cuando vayas mañana a palacio, dile
al rey que la respuesta es tan sencilla que hasta tu hijo pequeño la conoce.
El primer ministro lanzó a su hijo una mirada escéptica, pero este insistió.
No te preocupes papá; te prometo que no te defraudaré.
Era tal su desesperación, que al ministro no le quedó más remedio que aceptar la propuesta de su hijo. Cuando a la mañana siguiente fueron juntos a palacio, el rey los recibió y preguntó de nuevo a su ministro:
Querido ministro, ¿me puedes mostrar a Dios y decirme qué es lo que hace?
El ministro respondió humildemente: Majestad, la pregunta es tan sencilla, que hasta mi
hijo pequeño conoce la respuesta.
Sorprendido, el rey se volvió hacia el pequeño y le dijo: Muy bien, ¿puedes tú mostrarme a Dios y decirme qué hace?
Majestad, para ello necesitaría una jarra de leche, respondió el niño. Aunque al rey le extrañó aquella petición, hizo que la trajeran.
Poco después, el pequeño preguntó:
Majestad, ¿hay mantequilla en esta leche?
Por supuesto que hay mantequilla en esa leche, declaró el rey tras pensarlo unos instantes.
¿Me la puede enseñar?
Sí, respondió el rey, pero para poder ver la mantequilla primero hay que batir la leche.
Exacto, dijo el pequeño. También para poder ver a Dios hay que seguir un proceso. Sin un proceso de práctica devocional no podemos ver a Dios, igual que no podemos ver
la mantequilla si no seguimos el proceso de batir la leche. Cuando seguimos ese proceso divino, Dios se manifiesta ante nosotros.
El rey se mostró encantado con aquella maravillosa y lógica explicación.
¿Y puedes decirme qué hace? le preguntó.
Me está haciendo preguntas como si usted fuera un estudiante y yo fuera su maestro, observó el niño, pero su majestad está sentado en un trono y yo estoy sentado en el suelo. Por educación, su alteza debería adoptar la posición más humilde y yo debería estar sentado en la
posición más elevada.
Dándose cuenta de la verdad de las palabras del pequeño, el rey se levantó del trono y se sentó en el suelo.
El niño subió entonces al trono y añadió: Esto es lo que Dios hace. Dependiendo de los resultados de nuestras actividades, unas veces nos sitúa en una posición superior y otras en una inferior, por eso a veces nacemos en una familia acomodada y otras en una familia humilde. Dios hace que tengan lugar estos cambios dependiendo de la vida que hayamos llevado.
El rey estaba tan satisfecho con aquellas respuestas, que las proclamó por todo el reino y colmó de valiosos regalos al primer ministro y a su hijo.
Srila Bhaktivedanta Narayan Gosvami Maharash
El despertar de la Conciencia

Expresar los sentimientos sexuales con amor y compasión

Los animales siguen automáticamente sus instintos, pero los humanos somos diferentes. No necesitamos satisfacer nuestras necesidades como los animales. Podemos decidir tener sexo sólo por amor. De esta manera, podemos cultivar el amor más profundo, la armonía y la no-violencia. Para los humanos, comprometerse sólo en la sexualidad no-violenta significa tener respeto el uno por el otro. El acto sexual puede ser una expresión sagrada de amor y responsabilidad.
La expresión física del amor puede ser bella y trascendental. Si tiene una relación sexual sin amor y cariño, crea sufrimiento para usted y para su pareja. En una cultura de paz y no-violencia, el comportamiento sexual civilizado es una protección importante. Este amor no es un deseo absoluto de sexo, es amor verdadero y comprensión.
Thich Nhat Hanh

Simplemente: deja que los falsos modos de ver desaparezcan

No sirve de nada buscar la verdad.
Sólo has de dejar que los falsos modos de ver desaparezcan.
No mores en la dualidad
y cuídate de no buscar
porque en cuanto aparecen el "sí" y el "no",
la mente se pierde en la confusión.
El dos surge del uno,
pero no te apegues ni siquiera al uno
porque aunque la mente una sea no nacida,
la miríada de cosas es sin mácula.
Sin mácula, sin cosas.
Seng T'San

Cien años de ternura

Había que conocer Calcuta, atravesar su infierno en la tierra. Nadie es el mismo tras paseo por esa realidad tan cruda. Tarde o temprano, toca integrar la noción de un dolor tan desparramado por el mundo. A cada quien nos aguarda nuestra Calcuta, más o menos sórdida, su tremendo interrogante al echar la última mirada hacia atrás y decirle adiós, noqueados, despistados. En el itinerario personal es recomendable incluir esos claxones que rasgan los tímpanos, esas jóvenes madres que mendigan en cada esquina, esos tullidos sin piernas que avanzan veloces tras el turista, esa ciudad que concita tanta luz y tanta sombra y que ya no olvidaremos jamás… A veces el viaje es una forma de descubrir vivos ejemplos que, en medio de esas extremas y lacerantes Calcutas, lo dan todo y en esa darse por entero entreven genuina felicidad. En esta ocasión viajar fue también sólo una excusa para encontrar a esos seres de desbordante entrega, para rendirse junto a ellas, para hincar las rodillas a su vera en la otra punta del mundo. Despertaba el día en la enorme casa gris, en el baluarte de la entrega desde el que la Madre de los pobres iniciara su apostolado de amor en Kolkata (Calcuta en bengalí). Era la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad en Bose Road, era la misa de las 6 de la mañana en un día corriente en los comienzos de este año. Sobrecogidos, agradecíamos la oportunidad de estar en tan sagrado lugar, en el corazón de tan virtuosa casa, de tan heroico movimiento, que tanto amor ha irradiado por todo el planeta. Agradecíamos la ocasión de compartir oración con esos ángeles de humilde “shari” blanco que pusieron morada en medio de los infiernos. Renuncia total al mundo y consagración plena a los últimos de la tierra es lo que se respira entre las paredes desnudas de ese lugar santo. En la gran sala oratorio, se sitúan a un lado las hermanas, al otro los voluntarios. No hay más mobiliario que unas esteras en el suelo. Sobre ellas nos arrodillamos dichosos. Todas las ventanas permanecen abiertas, pues esa suerte de tan digna y voluntaria pobreza no sabe de aires acondicionados. El ruido de la calle a veces apaga incluso la voz del oficiante, pero el estruendo del tráfico, por enorme que sea ya desde primera hora, no puede devorar el santuario de paz, devoción y entrega allí creado. En medio de ese recogimiento matutino, de ese lugar santo entre los santos, vamos recuperando la fe que ha ido mermando cada paso entre tantas calles que acumulan tanta miseria. Cuando tanto horror puede hacerte llegar a pensar que todo está perdido; cuando la mirada a poco se torna neutra, insensible; cuando la esperanza estaba a punto de apagarse, alcanzamos tan austero como inolvidable altar. Cuando rebelde empezaba a aporrear las puertas del Cielo, llegaron a estos oídos esos sublimes cantos. En el lado de las hermanas todo es el blanco de las postulantas y el blanco con las conocidas franjas azules de las ya consagradas y con votos. La mayoría de ellas orientales, pero sorprende ver también muchas occidentales. En el lado de los voluntarios todo es colorido, razas, culturas y lenguas diferentes. Sólo estas mujeres y su elevado testimonio son capaces de hacer caminar hasta la sagrada forma de la comunión a “rastas” y demás tribus variopintas de todo el mundo. Los cantos de esas mujeres piadosas llenan toda la atmósfera. Sus gargantas celestiales, sus melodías divinas, su corazón puro, son su infinita fortaleza. Nada, ni nadie puede atacarlas. Después de la misa vendría un sencillo desayuno de “chaid” bien dulce y pan para todos los voluntarios. Tras el refrigerio en otra sala contigua a la calle, tiene lugar la repartición de las tareas del día. Se abre la persiana de metal y salen hermanas y voluntarios a prodigar amor por esas calles de inframundos. Se sumergen en la ciudad gris las mujeres de bendito blanco. En realidad uno hubiera querido que esa persiana no se abriera nunca, que el mundo y todos sus sufrimientos aguardaran allí fuera. Uno hubiera querido esconderse y permanecer entre esos muros impregnándose de todo lo que le falta. El egoísmo busca refugio y distancia con respecto a esa ciudad inmensamente pobre. Semeja sólo una persiana, pero en realidad es un abismo... Retrasamos todo lo que podemos el abismo. Nos recogemos unos momentos en la tumba de Madre Teresa. Junto a ese mármol liso, sencillo, austero, pedimos por esas mujeres, para que Dios las llene de fuerza, y si aún les cabe, de más amor, para proseguir su valiente y extraordinaria misión. ¡Que quienes todo lo dan, sigan siendo inundadas de fe y de coraje, que pueden seguir siendo exponente de compasión infinita! Merecía la pena todo el precio de sinsabores y ruidos para llegar hasta poner la frente en ese mármol frío. Un excepcional amor, que después revestiría humilde shari blanco, tomó cuerpo hace cien años. ¡Que podamos aprender la lección de caminar nosotros también sobre la tierra sufriente, con los pies descalzos, con sus plantas negras, si es preciso! Vino hace 100 años al mundo quien inspiró tanto y tan comprometido silencio, quien hizo arremangarse a tantas mujeres (también hombres) de todo el mundo para tan suprema labor, quien inició esos cantos en medio del más atronador ruido, quien creó la orden y mojó las primeras frentes, quien cargó sobre sus hombros los primeros desvalidos… Hay ejemplos excelsos que es preciso aventar. No he visto galones comparables a las tres rayas azules sobre el blanco, al crucifijo en el hombro que ellas llevan, con ejemplarizante humildad. Poco nos importa el itinerario de la Madre Teresa a los altares de brillante oro, tiene ya encendidas todas las velas en altares de más adentro. Poco nos interesan las polémicas sobre su ideología “conservadora” en ciertos aspectos, la caricia no tiene color, ni ideología y ellas las prodigan a cada enfermo, necesitado y desvalido. Las hermanas sugieren no escribir sobre ellas, no dar propaganda a su labor abnegada, pero es que ahora hace cien años que tanto amor tomó carne. ¿Para qué la palabra, sino para dar a conocer heroísmos diarios, sino para revelar esta apasionante historia que dio comienzo hace ahora cien agostos? ¿Cuándo, si no es ahora? En el ocaso del verano será preciso interrogarse por la esencia de esa primavera que nunca marchita, de ese servicio que nunca se rinde, de esa fe que jamás desfallece. No podía ser de otra manera. A los cien años de su primer aliento en Skopje (Macedonia), siquiera una fugaz mención de la santa de Calcuta que nunca muere, cien años de ternura y una breve loa a tan colosal ejemplo.
Koldo Aldai