Una meditación de amor

La calidad del amor es el suelo fértil a partir del cual puede crecer una vida espiritual integrada. Con un corazón amoroso como trasfondo, todo lo que intentemos, todo aquello que nos salga al paso, se abrirá y florecerá con más facilidad. Aunque el amor puede surgir de un modo natural en muchas circunstancias, también podemos cultivarlo.
La meditación siguiente tiene dos mil quinientos años de antiguedad y utiliza frases repetidas, imágenes y sentimientos para evocar el amor y la amistad hacia uno mismo y hacia los demás. Podéis experimentar con esta práctica, para comprobar si os es útil. Lo mejor es empezar repitiéndola una y otra vez durante quince o veinte minutos, una o dos veces al día, en un lugar tranquilo, durante algunos meses. Al principio, esta meditación puede pareceros mecánica o extraña o provocaros lo contrario, sensaciones de irritación e ira. Si esto sucede, es muy importante tener paciencia y ser amable con uno mismo, dando la bienvenida a todo lo que se presente con un espíritu de fraternidad y afecto. A su debido tiempo, incluso frente a dificultades interiores, se desarrollará el amor. Siéntate cómodo. Relaja tu cuerpo. En la medida en que puedas, serena tu mente; abandona proyectos y preocupaciones. Luego, recita internamente las siguientes frases dirigidas a ti mismo. Empiezas por tí mismo, puesto que sin amarte a ti mismo es casi imposible amar a los demás.
Que me llene de amor. Que esté bien. Que pueda estar en paz y cómodo. Que sea feliz.
A medida que dices las frases, tal vez desees utilizar la imagen que nos proporcionan las instrucciones de Buda: imagínate como un joven y amado niño, o imagínate como eres ahora; mantente con un corazón amoroso. Permite que los sentimientos acompañen la voz. Sintoniza las palabras y las imágenes, de modo que encuentres las frases exactas que mejor abran tu corazón amoroso. Repite las frases una y otra vez, dejando que los sentimientos impregnen tu cuerpo y tu mente. Practica repetidamente esta meditación a lo largo de varias semanas, hasta que crezca la sensación de amor por ti mismo. Cuando te sientas preparado, en el mismo periodo de meditación puedes ampliar paulatinamente el foco de tu amor para incluir a los demás. Después de tí, escoge un benefactor, alguien que te haya cuidado realmente en la vida. Visualizalo y recita cuidadosamente las mismas frases, Que me llene de amor, etc. Cuando se ha desarrollado el amor por tu benefactor, empieza a incluir en tu meditación a otras personas amadas, visualizándolas y recitando las mismas frases, despertando un sentido de amor por ellas. Más tarde, poco a poco, puedes ir incluyendo a los demás: amigos, miembros de la comunidad, vecinos, la gente que te rodea, animales, a toda la tierra, a todos los seres. Luego, incluso, puedes experimentar hasta incluir a la gente que te plantea más problemas, deseando que ellos también, se llenen de amor y paz. Con alguna práctica puede desarrollarse un equilibrio sentido de amor, y en el curso de los quince o veinte minutos, serás capaz de incluir en tu meditación a muchos seres, pasando de ti mismo a un benefactor y seres queridos, hasta alcanzar a todos los seres. Luego, podrás aprender a practicarlo en cualquier lugar. Puedes utilizar esta meditación en un embotellamiento, en autobús y aviones, en la sala de espera del médico, u en otras mil circunstancias. Practicando silenciosamente esta meditación amorosa sobre las personas, de inmediato sentirás una maravillosa comunicación: el poder del amor. Serenará tu vida y te mantendrá conectado con tu corazón.

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