Todo está bien para siempre

Estaba oliendo unas flores en el jardín y en cuanto me incorporé, respiré profundamente. La sangre se precipitó hacia mi cerebro y me desperté tumbado de espaldas sobre la hierba. Aparentemente me había desmayado -o muerto- durante unos 60 segundos. Mi vecino me vio, pero pensó que me había tumbado sobre la hierba para disfrutar del sol. Durante ese intemporal momento de inconsciencia contemplé la resplandeciente eternidad. Vi el cielo. En él, nada había sucedido. Los sucesos de hacía un millón de años eran fantasmagóricos e inaprensibles como sucesos acontecidos hacía diez minutos. Era perfecto. La soledad dorada, el vacío de oro; una-cosa-u-otra; seguramente algo simple.
Jack Kerouac

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